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martes, 12 de noviembre de 2013

Las hamburguesas de Sonia de la Ruta 66

Llevo ya unos cuantos meses hablando de América sin reparar en su mayor contribución al sobrepeso mundial. Las hamburguesas con patatas. Un plato nada desconocido en Europa, dónde se comen como filetes rusos a veces de grasientos que aquí.

El lugar más mítico y auténtico en el que he estado en este país, ha cerrado. No es ni gourmet ni admite florituras. Sonia es la asiática que regentaba un local en mi querido West Hollywood (en frente a una hamburguesería con banderas del arco iris mucho más grande y con mucha más cerveza), dónde uno tenía la sensación de ser teletransportado muchos años atrás.

Carta sencilla. Cuatro cosas. Patatas recién hechas. Siracha (salsa asiática mundialmente conocida pero hecha en el condado de Los Ángeles) y ketchup. Plato de papel personalizado. Cocinadas por un mexicano. La bebida servida por una señora octogenaria que a duras penas se sostiene en pie. Autenticidad a raudales. Fotos de famosos. Incluída en documentales de las hamburgueserías más míticas del país. Colas kilométricas para despedirse de sus encantos los últimos días de octubre.

Irv’s Burguer, con la querida Sonia se despide. Es un momento triste para América. Un momento triste para la humanidad. Volvamos al tupper de lentejas veganas que preparé con esmero hace un mes. Larga vida a los tascones. Larga vida a la ruta 66.

Ese dia llevaba polo verde y jersey marron. (GLH)

Hasta la siguiente desde la triste California!

martes, 5 de noviembre de 2013

MUST: Contactos con la policía

La serie de post mensuales sobre cosas típicas de América que debía de hacer, se ha ido agotando y por las dificultades de ampliar la lista, he tenido que dejarla aparcada. Antes o después tenía que haber hablado con las fuerzas del orden. Desgraciadamente, no hay testimonios gráficos del encuentro.

Foto para ilustrar la escena del modo más realista posible: Asiática neumática en coche panda. (GLH)


Como bien saben los lectores más fieles de esta bitácora, no tengo coche y voy como un mendigo sin carrito por la extensa y más contaminada ciudad de Los Ángeles. Pero debido a diversas circunstancias, por unos días he tenido que alquilar un coche (que es blanco, un color que debería ser prohibido excepto para taxis y ambulancias).


En teoría, casi todas las normas de tráfico en California (porque cada estado tiene su propio código de circulación), son bastante normales, excepto por varios supuestos. Los Stop, que pasa el primero que llegue, los semáforos, que están en la calle de enfrente de la que te tienes que parar y los giros entre calles que se pueden dar casi en cualquier lado. Además el cambio de sentido, en la mayoría de la calzada suele también estar permitido. Pero como buenos europeos, siempre tendremos la sensación de que estamos haciendo una ‘pirula’.


Volviendo al tema, estaba yo en Sunset Boulevard (El crepúsculo de los dioses para los cinéfilos) y deseaba girar a la izquierda. Me pongo. Me pitan. Paso en rojo cuando no pasa nadie. Sudores.


En la siguiente calle se encienden las luces de policía. Me aparto y me paro. Bajo la ventanilla y doy mis papeles del estado opresor español. Todo bien. El hombre, de tez morena me pregunta si sé por qué me ha parado y le digo que me vuelvo loco con los cruces a la izquierda y a la derecha. Le explico que me he puesto nervioso porque me pitaban. Entonces me bloqueo. Y explico casi con mímica la bocina. Un lapsus en mi corto vocabulario en guiri (que posteriormente he solucionado) que hizo que el hombre, al ver mi pasaporte en latino, me dijera que se lo podía decir en español.


Bendito Cristobal Colón. Estuvimos hablando en la lengua de Cervantes y de Carmen de Mairena sobre mi percance al volante en Sunset Bvd. De un modo muy didáctico, me estuvo excplicando mis dudas sobre los matices del funcionamiento circulatorio Californiano. Un tío majísimo que instruía en lugar de sancionar al pobre turista europeo.


No sin miedo a que pudiera pasar cualquier cosa, el hombre me dejó marchar al volante de mi bólido blanco. Se quedó esperando un minuto o así por si hacía alguna pirula de las ilegales para ellos. Viva la gente comprensiva. Vivan los tacos, los tamales y las pupusas. Viva.


La conclusión:


Adoro a la policía americana. Después de conducir por LA, la clave es que hagan todo peajes y con ello financien millas y millas de metro. A lo bestia. Mucha gente seguirá pagando un pastizal al día por no mezclarse con la chusma de la clase media que tenemos que usar el transporte público. Amen.


Y aunque ya había tenido contacto con los agentes, nunca les he visto comer donuts ni hurgarse la nariz. Los mitos se desmitifican demasiado rápido.


Hasta la siguiente desde California!!




domingo, 1 de septiembre de 2013

La Odisea LAGONfidential (el karma castiga las mentiras)

La vuelta de LAGONfidential al gran estado de California no ha sido la más fácil. Hasta la fecha, nunca había tenido ningún problema con los aviones. El karma ha decidido castigarme por haber pasado demasiado buen verano seguramente o por un pequeño giro del destino.

Tras ir de empalmada a la gran T4 con mis amables progenitores, cogí mi primer vuelo con destino a Heathrow, el aeropuerto bueno de Londres. Toda la Odisea comenzó cuando mentí, nada más montarme en el avión. La amable azafata me preguntó si me podía cambiar mi preciado sitio de ventana (que con gran alegría había seleccionado el último desde el autocheckin de Iberia) para sentarme en un bonito pasillo y así poder juntar a una pobre familia que habría llegado tarde al aeropuerto y me deseaban fastidiar la existencia durante las dos horas largas del trayecto. Sin embargo, mi condición de alavés, falso y cortés, hizo que saliera de mí un incivismo mentiroso. Le dije a la azafata que necesitaba ventana, que si no me iba a marear. (como si pudiera abrirla para tomar el fresco).

Una mentira cruel, todo por ver unas vistas aéreas de un par de ciudades y poder apoyarme en la pared, desencadenó el resto de trágicas consecuencias.

Primero el comandante de la aerolínea española informó que los amables gabachos saboteaban su espacio aéreo (o algún tecnicismo similar) para que tardáramos 10 minutos más de la cuenta. Luego, que si los Londinenses no nos dejaban aterrizar.

Con la tontería el vuelo llegó tarde. No sé exactamente cuánto. Pero con tiempo de sobra para volar hasta EEUU. Londres tiene un aeródromo principal bastante gigantesco. El bus entre terminales tardó más de 20 minutos y sin salir de zonas de seguridad.

Con algo más de una hora de margen fui al mostrador de Virgin para que me dieran mi tarjeta de embarque, pues mi maleta azul (una reliquia con ruedas que lleva conmigo más de una década) ya había sido facturada con rumbo a LAX (el aeropuerto angelino) desde Madrid.

Pues no. Me preguntaron que porqué no había ido antes. Les respondí que porque no me dejaban de volar del avión en marcha (o alguna contestación similar menos borde y con menos gracia). La azafata me ofreció irme a NY, una gran ciudad, pero que tiene un pequeño fallo. Se encuentra en el océano opuesto a Los Ángeles, que se supone que da nombre a esta bitácora. Me dijeron que al día siguiente había otro vuelo a mi destino, al cual acabaría yendo varias horas después.

Con el wifi londinense escribí desesperado quejándome de mi situación. Me trasladé a la otra lejana terminal comiendo un rico bocadillo de jamón preparado en la península ibérica y me fui a British-Iberia a pedir un hotel. Me lo dieron. Y un kit de supervivencia con cosas de aseo y una camiseta blanca de mi talla.

En la espera del bus hacia mi hotel, contacté con un amigo vitoriano que habita en la ciudad. Tenía que haber ido directamente con él, pero las necesidades biológicas y la sensación de haber malgastado el tiempo por el hotel, me hicieron ir hacia el establecimiento.

Allí me pegué una de las mejores duchas de mi vida. En el hotel más cutre que he visitado en años (casi, hubo otro peor en EEUU con quemaduras en las sábanas) con wifi por dos libras cada media hora. En realidad me apetecía un montón ir a verle y dar un voltio por ahí así que volví al aeropuerto y cogí un tren hacia el centro y después un metro (ojo de la cara ambos). Llegué a Notting Hill, donde me esperaban dos vitorianos con sus colegas bebiendo en la calle de buen rollo.

Había más españoles que en la puerta del sol en Nochevieja. Buen rollo, mucha gente beoda, muchas guiris con aspecto de facilonas y sonrosadas (había olvidado el horterismo inglés y su golfismo).

Resulta que justo llegué durante los carnavales del barrio, los que salen en la ‘adorable’ película de Julia Roberts y Hugh Grant. Ambientazo.

La estampa era surrealista. Yo con mi mochilita de mano tomando una lata en Londres mientras la cabeza estaba sobrevolando Michigan. Conocí a un costamarfileño absolutamente crack que se había impregnado de chocolate (y se le distinguía en la piel) en una de las carrozas, que nos llevó a su residencia que compartía con un marroquí.

De ahí y todavía con la mente en las nubes, cogimos un mítico bus rojo de dos pisos para ir a la casa vitoriana en frente del estado del Chelsea. Cenamos y dormí en una colchoneta. Como Dios. El moreno también se quedó dormido. Le hubiera ofrecido colchoneta, pero ya iba por la quinta fase Rem.

Por la mañana, volví al aeropuerto, cogí el vuelo. Comí pollo korma a miles de metros sobre el suelo (una pincelada de color indio a esta anécdota) y aterricé en el caluroso sur de California sobre las 4 de la tarde.

Pasé la aduana sin problemas y justo al esperar la maleta delante de las cintas, oí por megafonía que me llamaban para ir a un sitio. Se puede mejorar mucho el inglés fuera de casa, pero entender lo que dicen por megafonía no lo hago yo ni en Foronda en las dos lenguas oficiales.

Mi maleta no había viajado conmigo. Durmió por la noche en Londres y cuando les dije que la llevaran en mi avión no llegó. Me la iban a mandar por la noche a casa. A las 11 de la noche llamé a la compañía y no la tenían localizada. No dormí muy bien metiéndome cada poco rato a ver si se localizaba. Pero por la tarde un empleado de reparto me dijo que me la llevaba a casa. Sin embargo yo no estaba, ni mis vecinos de confianza. Así que le dije al hombre que me la metiera en la terraza, que vivo en un bajo y no se ve desde fuera.

Me llamó para confirmarme que la entrega había sido perfecta.

Sobre las once y pico de la noche, llegué a casa después de haber tenido algo de vida social con estimados expatridos con los que suelo quedar en la ciudad. La terraza estaba vacía. Vuelco al corazón y al bazo. Y el estómago no porque acababa de cenar. Miro por todo el edificio, le escribo a mi vecino por si había visto algo y me sugiere que mire en la terraza del edificio de enfrente. Subirse era complicado. Saco una foto. Nada. Otra, tampoco. Voy copando todos los ángulos… Y zas! Maleta enfrente de casa. Tuve que hacer malabares para sacarla a pulso con una valla de dos metros y pico. Espectacular. Alivio. Respiración. Fin de la Odisea.

Conclusión: niños, nunca mintáis. Que el karma os puede castigar. No lo recomiendo. Y el karma tiene cosas raras. Incluso a veces la “Karma” se puede ir a dar clase a una universidad americana. Las vueltas que da la vida. Como al pobre Ulises, de Odisea por Grecia.

Hasta la siguiente Odisea!!

London, camiseta British Airways Pret-a-Porter

viernes, 10 de mayo de 2013

10 cosas que hacen los californianos y al resto del mundo le suda la polla


10 cosas que hacen los californianos y al resto del mundo le suda la polla



Después de tan abrupto título, sólo me queda pedir perdón y respeto por los Californianos. Son gente que recibe el viento del Océano Pacífico y les deja así.

1. Vegetarianos
Vale que ingerimos mucha carne. Pero el humano nació onmívoro. Y aquí no lo ven como una costumbre de invertidos.

Mierda vegetariana homemade GLH, Pesto genovés.


2. Yoga
Otra práctica habitual en estas tierras importada de Asia. Estirarse en plan zen. O son surferos o hacen yoga.

3. Dar las gracias al salir del autobús.
Sí. Lo hacen. La antigua colonia tiene estas cosas.

4. Pasear perros de esos que les cuesta respirar a pares.
Millones de bichos, a los que les recogen responsablemente la cacota. No tienen sanidad pública pero hay miles de hospitales para canes y tiendas para bichos.

5. Prefieren tener atascos que invertir en obra pública.
Dedican su vida a consumir gasolina encerrados en coches escuchando música en su tecnología de Cupertino. Muy ecológico. Baratísimo.

6. Ir a cafeterías caras a fardar de manzanita.
Van solos, hacen que escriben. Tienen pose. Creen que hacen vida social de esa manera. (para los previos de a la denostada LOGSE, la manzanita son mierdas de Apple)

7. Hipocresía con lo orgánico y el reciclaje.
Van de modernos y usan envases como nadie. Los pudientes no reciclan y se lo dejan al servicio. Los mendigos acumulan envases como si no hubiera mañana para sacarse unos dinerillos.

8. La segunda generación de latinos va de bilingüe.
Pero luego escriben peor que un niño de 6 años. Da vergüenza leer los carteles en presunto ‘cristiano’ con expresiones raras, faltas de ortografía y de todo. No me vale la excusa que es español latinoamericano. García Márquez, Vargas Llosa y Borges también nacieron en la región. Y nos dan mis vueltas escribiendo nuestra lengua.
No es que le den patadas al diccionario. Es que directamente echan las bolsitas de ‘regalitos’ de sus canes. Pobre DRAE.
'Pour' favor, usen el corrector de Word en español


9. Saludar a desconocidos en la calle y luego pasar de los vecinos.


10. Hablar por el teléfono conduciendo a escondidillas.
Pueden cagar dinero, que les cuesta comprarse un puñetero bluetooth manos libres. Pero luego se compran bicis de varios miles de dólares. Lógico. Al menos el cambio es automático. Pero conducen de asco.


 PD: Gracias por acogerme California!

domingo, 5 de mayo de 2013

Karaoke


La última noche de despedida de Europa la pasé en un karaoke a orillas del río Zadorra con grandes amigos. Una afición un poco kitsch, que he decidido cultivar también en la antigua colonia de California.

La semana de navidades no tenía muchos planes, conocidos y tras comprarme una bici de segunda mano, descubrí un maravilloso barrio japonés con decenas de restaurantes y tiendas enfocadas a emigrantes del país del sol naciente.

Y allí encontré dos centros del destrozo de la música popular y del ocio entretenido. Dos karaokes con diferencias notables. Uno, es un karaoke normal, en el que apuntas en un papelito la canción que vas a cantar.

A ese fui mis primeras veces. Humillé mi acento, gasté varias vidas de mis cuerdas vocales y lo pasé bien. Hasta te dan aperitivos japoneses. Lo más divertido fue que sacándome una foto con el lugar, conocí a una familia de filipinos de la que ya os he hablado en alguna otra ocasión que me acogieron como uno más. Uno de ellos, me dijo que América, es sólo un sueño, depende de ti que se cumpla. Muy profundo.

Quizá lo más auténtico del lugar, sea su dueño. Un japonés de unos 60 palos con un tupé de Farmatint/Jus for men bastante llamativo y mala hostia. Se paseaba sin hacer nada excepto cuando un grupo de raperillos, con los que todo el local se reía, cogieron una de estas esculturas de cerámica tamaño natural durante su show y se pusieron a hacer el 'gamba' con ella. El dueño, con su camisa hawaiana de manga corta de dudoso gusto, le dijo totalmente indignado a su camarero que fuera corriendo a detener esa tropelía contra su mascota imaginara. Hubiera matado y vendido parte de mi alma por ver la cara del asiático si llegan a romper al perro.

A un par de manzanas de ese antro de la música popular, se ubica el karaoke japo para japoneses. Diferentes salas con tamaños según la demanda, que se alquilan por horas. Celebramos allí un cumpleaños americano y lo pasé bastante bien. Tienes unos bancos acolchados y una gran tele con un sistema profesional de karaoke con sus correspondientes ‘biblias’ repletas de canciones. También está disponible la versión con jeroglíficos en japonés.

Si llevas bebida de fuera, te cobran un extra. En principio no es un bar, sino que ponen a tu disposición bebidas a precio desorbitado. Como la gente suele propasarse, ya te ponen en un papel plastificado cuánto te va a costar si jodes la tele, la mesa y hasta la puerta. Nosotros no fuimos tan gañanes y solamente se nos cayó al suelo una botella de cristal. El amable limpiador del lugar, nos indicó que limpiar cristales implica más propina.

Todos estos karaokes se encuentran en la zona de Little Osaka, lleno de restaurantes y tiendas para japoneses. El supermercado es de lo mejor que he visto nunca pareces teletransportado a otro país por arte de magia. Para los que tengáis curiosidad, os dejo un video de la zona del culpable de mi estancia en LA. Merece la pena.

GLH recibiendo el micro de la presentadora del karaoke filipino


Otros dos karaokes que he conocido en esta ciudad los descubrí gracias a mis colegas filipinos. Hay unos cuantos en toda la ciudad. En una noche estuvimos en dos. El primero, resultó ser una especie de restaurante gigante con un gran escenario. Después de un par de temas en inglés, un cura o simplemente un pesado de origen filipino con ganas de hablar, se puso a dar un speech sobre la religión, a quién votar etc, por parte de la comunidad del país asiático afincada en LA. Yo flipaba en colores. Un tío en mitad de un karaoke sermoneando sin más. Me ofendió el proselitismo y a los filipinos con los que iba también y nos piramos a otro centro del entretenimiento karaokil.

De allí nos fuimos a otro, dónde cenamos aperitivos calientes de la gastronomía de la antigua colonia. Aquí descubrí un antro con bastante ambiente y canciones en tagalo, uno de los idiomas oficiales del país, con fuerte influencia del español en muchas palabras. Lo más llamativo de ese lugar fue que era San Valentín y que la presentadora del karaoke (a la que había que dar un dólar por canción por subir a cantar) era bastante espectacular. Probablemente no se pueda apreciar en el documento grafico que suministro unas líneas más arriba, pero la mujer tenía un busto del tamaño de mi culo o superior. Pondría mi culo y varios millones de pesos filipinos en una apuesta a que la naturaleza no le proporcionó varias partes de su anatomía. 

Y con este breve repaso a mi experiencia en los lugares que más contribuyen a erradicar la sequía en el mundo, me despido otra vez más.

Hasta la siguiente desde CA!!!

domingo, 14 de abril de 2013

El todo al revés (en la antigua colonia)


Pensemos en cómo se hacen las cosas en el mundo. Cerremos los ojos y visualicemos el planeta. Vamos a darnos un paseo mental por las grandes capitales mundiales, por los puebluchos, por los desiertos. Ya. Abrid los ojos. Aunque bueno, deberíais haberlo hecho antes para seguir leyendo, que esto no es una audioguía de autoayuda aunque lo parezca.

Para ser más guays que el resto de los mortales, los americanos han decidido seguir una estrategia muy clara y hipster a la vez. Hacer todo al revés.

Los BIDONES de leche son de un galón y la gasolina. Y no porque esta nación tan libre haga todo a lo grande (ni que fueran de África, bueno, algunos mandatarios suyos tienen ancestros africanos), sino porque para estas maravillosas personas que hablan en inglés, los litros son algo que aparece en pequeño en las etiquetas. Como lo de las calorías de las cosas, que siempre vienen dos medidas y miramos la pequeña para sentirnos menos cerdos. Y estudian en el colegio las medidas internacionales. Pero es una folclorada, como saberse los riachuelos peninsulares y hacia qué playas llega nuestra orina.

En esta gran nación han decidido tocar las gónadas a los hombres de las medidas estándar en general. Para qué adaptarse a un sistema universal teniendo uno arcaico heredado de su pasado bajo la soberanía británica.

La recogida de basuras es a menudo durante el día. Y a menudo en muchas comunidades, una vez a la semana. Para que fertilice, como el biodiésel. Y reciclar es de mendigos, inmigrantes ilegales o usuarios del autobús urbano. Comen muy orgánico, sus prius híbridos pero lo de usar millones de envases para llevar la comida es su plan. Cortemos árboles para envasar plantitas regadas con agua mineral y heces de caballo.

Lo que más toca la moral a un sureuropeo que viene de un país tercermundista a la nación de las grandes compañías tecnológicas, es que las transferencias bancarias no se llevan mucho. Sí, muchos empleadores continúan usando los cheques. Incluso para pagar legalmente el alquiler de un piso se mandan habitualmente cheques en correo postal. Yo creo que lo hacen para apoyar al servicio postal, que se tiene que recuperar de haber estado patrocinando a deportistas profesionales que corrían en bicicleta con inyecciones y espaguettis.

Por otro lado, lo único que pueden haber hecho los estadounidenses, como gran parte de los mortales (a excepción de los británicos y los japos que también son de dar de comer en un lugar especial) es conducir por la derecha. Sin embargo, para continuar con su tónica de diferenciación respecto del resto de la humanidad, han decidido que en un cruce o stop, pasa el primero que llega. Con la ambigüedad que ello supone. ¿Funciona? A ratos.

Y como seguro que muchos habréis echado en falta más de un hábito curioso, hacédmelo saber. Gracias. Hasta la siguiente desde el Océano Pacífico.

lunes, 8 de abril de 2013

El día del veterano

Bonita alcantarilla con los colores de la bandera gabacha (GLH)
La semana pasada fui a comer por ahí con mi compañero de curro. Un chaval joven americano de origen asiático. Al salir del restaurante, nos cruzamos con un señor mayor que se nos puso a hablar.

Tenía un aspecto desgarbado, pero no parecía el típico mendigo de autobús. Como se estaba dirigiendo a nosotros, mi compañero se paró. En ese momento me miraba a mí, pidiéndome pasta porque era veterano y no tenía con qué comer, afeitarse y cortarse el pelo.  Mi compi no se movía y el tipo se quedó mirándome y contándome que era un hombre sin pasta y necesitaba comer. Yo me intenté hacer el loco, el turista pringao, pero caí que decir que sólo hablo español, es algo totalmente estúpido en Los Ángeles, dónde puedes vivir sin saber inglés. Así que me hice el italiano. Pero el hombre era un gran polígloto. Me dijo en italiano que era un veterano y necesitaba dinero. O se tiró el moco como suelo hacer yo en el país transalpino. Basta decir los verbos en francés agitando las manos con acento de mafioso y ya pareces un espaguetti con pedigrí.

Ante tal esfuerzo de medios, o de chapurrear algo similar al idioma oficial de los hidratos de carbono con tomate, saqué la cartera y le dí un billete. ¡Sí! Un billete. Un derroche. Un dólar. Y el hombre se quedó mirándolo, enseñándolo perplejo. Fueron tres segundos bien tensos. El hombre no daba crédito y mirábamos mientras nos íbamos. Era un poco exagerado. Un momento raro de incertidumbre de sitcom mala. Mientras nos íbamos, el hombre comenzó a decirnos que qué pensábamos que era eso, y le dijo mi compi que soy un pobre becario.  Desde la lejanía, creí entender que le decía a mi compañero que no había ido a la guerra, para salvar a un país y que le decía mierdas racistas. Mi compi se defendió gritándole con fuerza.

VERSIÓN REAL

Sin embargo, todo eso no sucedió así exactamente. Como en toda sitcom de esta era, como How I Met Your Mother, la realidad puede que fuera trastocada en mi cabeza, pues el veterano no es que hablara precisamente con un acento académico.

Mi compi, un americano de verdad me desveló los secretos de la conversación que mi cabeza distraída y peliculara inventó. No hubo racismo. El veterano simplemente nos llamó rácanos, Cheapskate (que suena a modalidad de deporte sobre ruedas), y que su Dios nos iba a castigar con ello. A lo que mi compañero respondió diciendo que Mahoma, Jehová o la deidad que le tocara, le iba a castigar por gilipollas. Y digo yo. Con la de trabajo que tiene, dudo que el ente todopoderoso se vaya a dedicar a estas mierdas.

Qué daño han hecho los subtítulos de The Wire. Ya no pillo las trifulcas del barrio. O será que tengo hecho el oído a los afroamericanos traficantes de droga de Baltimore. No sé. Espero que Dios no me castigue por ello. Mientras espero el castigo, me despido desde la avenida de Corinto, en la ciudad de los angelitos.

¡Hasta la siguiente desde California!


martes, 26 de febrero de 2013

Los Oscars

Muy bien, gracias. La alfombra roja no es como la pintan, es azul y la cambian en un ordenador. Los famosos apestan a alcohol. Especialmente a whiskey como George Clooney. Me dieron cocaína y otras drogas aún por inventar excepto para ciclistas. Fiestón.

No. En realidad vi la ceremonia en casa del vecino. En amistosa compañía. Cerveza pizza y porra sobre los premios. Acerté casi todo. Incluidos cortos de animación y de ficción que vi en una sala al lado del barrio.

Me falló la Jennifer Lawrence, que con su belleza me nubló su actuación en favor de su tocaya Chastain. Y también erré con el director taiwanés. Con su sobrevalorada arca de Noé de Badulaque o 7/11 que tanta religiosidad parece que transmite.

Previsibles, con un buen presentador y con actuaciones musicales demasiado largas. Puede sonar a paletada, pero los Goya me parecieron con más ritmo y humor. Pero juegan en otra liga.

Hasta la siguiente desde Hollywood!!

miércoles, 20 de febrero de 2013

El autobús del terror II

El mini Eminem (GL-H)
Los buses de Los Ángeles, pueden ser todo lo asquerosos y malolientes que queråis. Pero sin duda son una fuente inagotable de historias, anécdotas y chascarrillos.

En esta segunda entrega, mucho menos espectacular, quiero dejar detalles de lo vivido en esos carros motorizados.

Una soleada mañana (como si fuera algo raro al sur de California), en la parada empezaron a discutir una pareja de afroamericanos. Entraron conmigo al bus y se sentaron con sus dos hijos cerca de mí. Los niños, preciosos pequeños color chocolate de unos 7 años y gemelos, habían sido vestidos cual rapero molón de la MTV. Con pendientes, gorra y toda la parafernalia del Hip Hop. Sólo les faltaba la ‘cadenaca’ de cuero. Uno de ellos, al ver que no les hacían caso, se puso a llorar. Preguntaban cosas sobre las paradas y el viaje a sus progenitores. Ni puto caso. Eran sin duda malos padres.

Otro día, unos horteras se piropearon mutuamente. La que inició los halagos era una señora de unos 50 palos que llevaba un sombrero como para ir a ver las carreras de caballos pero en negro. El tipo que recibía el cumplido, era un muchacho en la veintena, con unas mallas de leopardo prietas y farda paquete. Además iba peinado a lo Elvis-afro. Típico de las américas liberadas.

Un momento que también me llamó mucho la atención relacionado con la ropa, fue cuando un muchacho de unos veintipocos con muletas y pintas de Eminem color azabache, se dirigió a un señor de mediana edad para ofrecerle comprar su sudadera de publicidad. El chico se encaprichó con la prenda un poco retro y le ofreció 40 turkeys (o pavos en castellano en su defecto) al señor. A pesar de la insistencia del muchacho, que le rogó que le pusiera precio, el hombre de la sudadera, dijo que tenía valor sentimental y no la vendió. No pude ver mi primera transacción espontánea en un bus. Lástima.

Un fin de semana, que tenía que desplazarme por la mañana, me encontré en West Hollywood (el Chueca angelino con pasos de cebras multicolores) con un tropel de drags/travelos que todavía conservaban parte del maquillaje. Aparte de parecer un gallinero el lugar por la cantidad de plumas y el alboroto, se pusieron a comer. Me llamó la atención su dieta: pollo asado a las 10 de la mañana y fresas. Todo muy típico, el desayuno machote: birra y pizza, el invertido: fresas y aves sin plumas. Lo que aprende uno yendo en transporte público.

Muchas veces, no funciona la máquina dónde pagar. Si vas con tarjeta, pagas. Si no. Viaje gratis. Sin embargo, luego cuando un yonki-mendigo-persona rara, no quiere/puede pagar, montan un pollo enorme para que pague. Coherencia.
Señor que hablaba solo

Mi bici en el bus del terror con miedo a conductores asiáticos

viernes, 15 de febrero de 2013

Desde La Senda al paseo de la Fama (colaboración con El Correo)


Hoy os voy a colgar una colaboración que he hecho con el diario local vitoriano El Correo para su edición digital. No cuento nada nuevo para esta bitácora, lo único llamativo para los fieles lectores, son algunos guiños a la tierra que me vio nacer, crecer y defecar. Muchas gracias.

http://www.elcorreo.com/alava/ocio/201302/15/vitoriano-hollywood.html


Nací en Txagorritxu en el 86 y vivo en Los Ángeles desde hace un par de meses. Como buena parte de mi generación, nos ha tocado vivir la famosa fuga de 'cerebros'. Volveremos. Mientras, hay que disfrutarlo y dar el callo en ultramar. De momento, voy a estar seis meses con una maravillosa beca del Gobierno vasco para trabajar en el extranjero, en este caso en la Meca del cine occidental.
Hollywood son varios barrios de Los Ángeles. A lo grande, como todo en este país. En lugar del paseo de la Senda, tienen el paseo de la Fama. A las pocas horas de aterrizar, debido a que estoy en una empresa audiovisual que cubre los eventos relacionados con el mundillo de las estrellas, estuve durante la presentación de la estrella en el paseo de Hugh Jackman. Me hizo mucha ilusión verle al australiano ya que mi abuela es muy fan de una de sus películas. Deberían hacer lo mismo en la Senda. Un buen reclamo para turistas: la estrella de Juanito, Martín Fiz o, por qué no decirlo, Iker Jiménez. Al menos aquí funciona.
Los Ángeles, la ciudad, es inmensa. Es lo opuesto totalmente al modelo sostenible gasteiztarra. La gente va en coche a todos lados con atascos eternos. Y el transporte público es... digamos simplemente que para gente con pocos recursos. Pese al glamour que puede tener la ciudad, sus autobuses son deplorables. He vivido momentos tensos, de gente que no quería pagar o que se caía de la borrachera que llevaba a las seis de la tarde. Incluso algún compañero de viaje me ha ofrecido alcohol en marcha para hacer la travesía más amena.
Las grandes diferencias sociales son algo evidente nada más bajar del avión. Yo he podido ver al 'malo' de la temporada pasada de Dexter (que es hijo de Tom Hanks) comprarse un café, mientras en la calle se paseaban mendigos con carritos de la compra. Da pena ver que en una ciudad donde mucha gente excreta dinero, haya tantas personas que duermen en la calle.

Superbowl y el 'streaming' del Glorioso

Recientemente, he tenido el placer de asistir a una de las celebraciones mås americanas que existen: la Superbowl de fútbol americano. No estuvo mal, pero me quedo con mi 'streaming' del Glorioso por la tele o por la radio mientras desayuno, cosas del cambio horario. Se hace raro, sí, pero esta temporada no es una mala razón para madrugar. Sin embargo, lejos de ver el partido de la final de las ligas americanas con los auténticos trozos de pollo frito y lugareños bebiendo cerveza, estuve con unos colegas filipinos que me invitaron a su casa.

Gracias a la generosidad y la hospitalidad de esta gente, he podido descubrir que la conquista del país asiático les ha dejado gran cantidad de palabras en su vocabulario de la lengua de Cervantes. Incluso comen una cosa similar a la paella que llaman 'arroz valenciana'. Además ese mismo día después del partido, uno de los filipinos nos enseñó dónde vive: en una mansión de Beverly Hills. No era el propietario sino el cocinero-portero de una familia que vive en un complejo que tiene tres edificios: uno enorme para el servicio (en el que estuve), otro para los dueños y otro para invitados. Cada uno con su correspondiente piscina. La finca era de semejante tamaño que desde el garaje de la entrada hasta el edificio principal se desplazan en carrito de golf.

El 'Bollywood' californiano es una ciudad cosmopolita a rabiar. Podrías comer cada día del mes en una tasca étnica diferente. Los barrios, a parte de los exclusivos Bel Air y Beverly Hills donde se 'hacinan' las estrellas, están separados por muchas zonas diferenciadas de los inmigrantes que fueron poblando el centro de la industria del ocio gracias al clima templado que hace todo el año. No se llevan los trenes de castañas para combatir el inexistente frío.

Por un lado, hay un barrio chino espectacular en el que no se oye hablar inglés, otro coreano, japonés, armenio, mexicano, zonas de salvadoreños, la pequeña Etiopía... Es la ONU en torno al 'show business'. Lo llamativo y raro es encontrarse con oriundos de la ciudad. En general la ciudad no es especialmente bonita. El glamour de unas zonas contrasta con unos céntricos rascacielos rodeados por kilómetros y kilómetros de casas y oficinas de no más de dos alturas. ¿Redensificaciones? No, gracias.

Hace unas semanas estuve en los Globos de Oro (sí, como diría el tópico la antesala de los Óscar). Nada destacable. Mucho postureo y muchas caras conocidas. Pude pisar la alfombra roja, pero nadie se fijó en mí. Bueno sí, una pareja de mexicanos, para que me apartara y se sacaran una foto.
Sin duda lo que más echa un alavés de menos en estas tierras (a parte de su querida familia y amigos), es poder tener un sitio donde pasear y tomar algo. Aquí andar es de pobres. Aparte de la playa de Santa Mónica, donde Schwarzenegger se 'mazaba' antes de ser gobernador, es raro ir a tomarse una caña por ahí. Cuando van a los bares, van a emborracharse. Y les echan si les notan un poco achispados. A ver cuando inventan el pintxo-pote por Skype y nos tomamos algo. Un saludo desde Hollywood.

martes, 12 de febrero de 2013

Mi Must, segundo mes


Ha sido un mes diferente, de transición hacia una ‘normalidad’ en el otro lado del charco. Se acaba la novedad y ya no hay tantas cosas guays que hacer por primera vez. El niño con zapatos nuevos, ya los tiene un poco desgastados. Estoy perdiendo la inocencia de un recién llegado. Los ojos de sorpresa y asombro me están convirtiendo en un angelino más. Pero bueno, uno va aprendiendo poco a poco algo del idioma de Scarlet Johanson (sí, se abusa a otorgarle la exclusividad del idioma a Shakespeare) y de una gran ciudad.

CHECKS

Granizado dulzón, Fresisuis (GLH)
He tomado un Fresisuis como en los Simpson. Era rollo light y de melocotón y mandarina. Rico, dulzón a rabiar. Una especie de granizado con gelatina en el fondo. Otra guarrada americana más.

Ir a una entrega de premios. Creo que alguna mierda ya he escrito sobre los Globos de Oro. Nada del otro mundo.


NUEVOS MUST


Ducharme en una boca de agua callejera para apagar los incendios.

Ver una pelea de barro/ concurso de camisetas mojadas (no es machista, pueden ser hombres corpulentos los que participen, o no?)

Conocer a un abogado picapleitos con camisa hortera.

Ponerme una camiseta con una mano señalando que estoy con un estúpido.

Comer en una furgoneta callejera (CHECK). Tenían hasta Facebook. Nos llevan años de adelanto...

Que me limpien el coche colegialas para irse de viaje de fin de estudios. El problema es que no tengo coche que limpiar. Pero si no, la bici.

Ir a Las Vegas y decir: “Todo al rojo!” Y el pobre Carrillo se revuelve en su tumba...

Disfrazarme para ir a un estreno de cine

Participar en una batalla campal de comida. Con espaguetis con albóndigas, como debe ser.
Comprar algo por Internet a un desconocido y que te lo lleve a casa (CHECK). Ya tengo sofá, muy barato y traído a casa por una actriz galesa. Limpio y nuevo. Ya hago vida de salón.

jueves, 31 de enero de 2013

Tres historias de domingo: FELIZ AÑO NUEVO CHINO

La alianza de civilizaciones (GLH)

Doscientos metros después de cruzar las puertas de dos inmensos dragones en Chinatown, encontré a un nutrido grupo de chinos alrededor de un par de locales. Delante de los mismos tenían varias mesas con grandes bandejas de comida.

Turista caucásico (GLH)

Políticos españoles en tumbona
 Una de las claves de viajar solo, es que como no tienes con quien hablar ni nadie que pase verguenza ajena, te da igual pararte, preguntar y ser tu mismo. Sin duda es una de las formas más puras de visitar cosas y conocerse. Así que me puse a investigar. Primero pregunté a un par de tipos de mediana edad, pero creo que les superaba con mi nivel de inglés de la Logse (creo que llegué a recibir clase  durante un par de años). No hubo mucha comunicación entre nosotros.

Delante de la celebración, habían dispuesto un par de docenas de sillas acolchadas donde había algunos individuos sentados comiendo o simplemente charlando entre ellos. En la última fila había un chico joven. Era mi presa perfecta, seguro que sabía decir el ‘guan chu tri’ y hasta el nombre del presidente. Mi última esperanza para meterme en el festejo.

Y tuve suerte. El muchacho tenía idea de la lengua, 19 años, se llamaba Wii (como la mierda esa con mandos que te hacen sudar y mandar caparazones en el Mario Kart que tanto echo de menos), había trabajado en recursos humanos en el ejército americano y ahora estudiaba en la universidad.

Políticos en misa de 11
Rica y fría comida por la patilla
Me explicó que según él, no profesaban ninguna religión. Sin embargo, tenían toda la pinta de budistas. Wii me contó que hacían ofrendas para la buena suerte. Habían asado 5 cerdos descomunales. Muy crujientes, con una mezcla de especias imposible de descifrar. Estaban jugosos y una señora (que resultó ser la madre de la consola de Nintendo) me sirvió lo que decía que eran las mejores partes. Además la gente se llevaba cargamentos y cargamentos de comida de la allí preparada a su casa en grandes cajas de cartón. Muy higiénico.

Probé varios tallarines, un pollo que había y el arroz. Había palillos y cubiertos, le pregunté a mi colega qué usaba. Y me confesó que ambos. Suelo ser un intrépido aventurero, pero en este caso, comiendo de pie, fui un conservador. Cuchara como los bebés y como la mayoría de los asiáticos que allí se congregaban.

Y como no hay homeless en LA, se me volvió a acercar uno. Este tenía bigote (pero no era mexicano) y al pobre le faltaban varios dientes. Iba aseado pero apestaba a alcohol. Me tiró mientras hablaba algún que otro felipe de un tamaño descomunal. Pero no necesitaba una segunda ducha. El hombre me escuchó que trabajaba en medios audiovisuales y como yo encontré a Wii para satisfacer mi curiosidad, él intentó que le explicara el funcionamiento de las cámaras de vídeo digitales. Y claro, no se quedó muy convencido con lo de las tarjetas y los ceros y unos. Pero mi ingeniería no da para más.

Intercambié teléfono y redes sociales con Wii. Un gran anfitrión para un gran año nuevo que nos espera. Japi niu chinese yir.

Fin de las historias de domingo.

Hasta la siguiente desde... Downtown (el centro de LA)!!!!