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domingo, 15 de diciembre de 2013

Bye, Bye LA





He estado un año contando mis venturas y desventuras vividas por un alavés en el sur de California. Por cosas de la vida, esta etapa llega a su fin. Sin duda la valoración de estos meses aquí es totalmente positiva, con altibajos, como cualquier fase de nuestra existencia. Como algún ágil lector atisbaba, el escrito de la semana pasada iba a ir acompañado de uno acaramelado y positivo.

Me he dejado demasiadas anécdotas y chascarrillos en el tintero. Como cuando fuimos a un concierto-cine al aire libre en el que Corey Feldman (actor infantil en los Goonies y que sale también en el vídeo del post de la semana pasada) hacía el ridículo cantando con dos mozas semidesnudas de buen ver disfrazadas de ángeles ( disfraz muy ad hoc para la ciudad). Parecía recién sacado del proyecto hombre, una parodia de una estrella de rock de los 80-90.

O cómo cruzando por Beverly Hills a veces me quedaba mirando los cochazos con los que me cruzaba y alguna viejilla absolutamente desconocida para mí me saludaba cómo si la conociera de toda la vida. También me he encontrado con actores de comedias españolas a la salida de un karaoke japonés y he visto a Aubrey Plaza (Parks and Recreation) sacándose fotos por la ciudad.

Demasiadas cosas raras durante este año angelino, en el que he notado el apoyo incondicional de los lectores a los que he intentado entretener. Mi pretensión era sencilla y clara: pasarlo bien escribiendo aquí y que la gente no dejara de leerlo por esperar un tostón profundo (que si me llego a poner así habría sido). A pesar de los altibajos, he sido bastante constante con 47 posts en una vuelta alrededor del sol.

En primer lugar quisiera expresar toda mi gratitud al señor iraní que me vendió la tarjeta de teléfono y mi primera bici en su tienda-bazar de Santa Mónica Boulevard. Con la bici conseguí ampliar los primeros meses mi radio de acción así como ampliar mi vida social. A través del teléfono he logrado tener grandes momentos que desearía compartir.

Durante los primeros meses, a cualquier hora del día me llamaban personas (no sabría distinguir el sexo por teléfono de esos seres sin nuez) desde Camboya preguntando y diciendo cosas en un maravilloso camboyano. Yo insistía. No cambodian. Pero por lo visto el antiguo dueño de este número o tenía una amplia vida social o más hijos que Julio Iglesias. Nunca lo sabremos.

Y la semana pasada antes de partir, este mágico número del prefijo 310 (del que muchos angelinos están orgullosos) me dió uno de los momentos más divertidos de mi vida. Es cierto que siempre me ha gustado vacilar bastante a los teleoperadores, sin embargo en este caso la realidad supera la ficción.

Resulta que andaba yo en la limusina de los pobres (mi bici) andando por la calle y me llaman para venderme algo. Cojo. No me entero de qué mierda me están intentando vender. Oigo cosas de viajes a Las Vegas, San Francisco, le digo al tipo que me repita. Sigo sin entender. Me explica que es asiático. Ya lo entiendo todo. Siempre me cuesta muchísimo comprender lo que dicen. Entonces se pone a hablar más despacio.

Le entiendo las palabras y me empieza a hacer preguntas personales. Como no me queda claro con qué me desea timar el ‘chinillo’ (o coreano o japo o lo que fuere) me pongo a mentir. Me pregunta si estoy casado. Le digo que tenía un marido (acaban de legalizar el matrimonio invertido hace pocos meses) pero que es complicado, que acabo de dejarlo o algo así. ( toda la conversación se realiza mientras pedaleo)

Me pregunta por mi edad: digo 45. Me piropea y me dice que parece mi voz más joven. Serán las gárgaras con whiskey de todas las mañanas. Entonces no sé cómo le digo que busco pareja. Él me contesta que es también de la otra acera y que también busca. Me propone una cita. El chinillo por lo visto tiene 34, mucha pluma y ganas de madurito. Dice que entre en su Facebook y que vea por si le gusto. Colgamos amablemente sin cerrarse nuestro ‘amor’. Detengo la bici y me pongo a reír solo como un loco en mitad de una oscura calle angelina.

Además, quisiera dar las gracias a todas las visitas. Ha sido un placer compartir con ustedes el tiempo que hemos tenido aquí y que me ha hecho menos solitaria la estancia en esta ‘no ciudad’. Siempre podremos volver a los karaokes japoneses de Little Osaka dónde más veces se ha invocado que nunca al dios de la lluvia.

Gracias a la tecnología estar lejos del viejo continente no ha sido tan duro. Los variados Skypes, blog de felicitación (con conejo incluído), mails desde otras partes del mundo y ‘guasaps’ con memeces variadas me han acercado los 9.000 kilómetros que me distanciaban con la tierra que me vio nacer aquella semana santa del 86 y de otros amig@s que incluso merodean más lejos que yo.

Por último, me gustaría destacar el papel de los expatriados desde la península. Han sido un gran apoyo. Y ellos lo saben. Nos hemos podido desahogar tranquilamente de nuestras desdichas y criticar aquello que hemos visto que nos ha exiliado, hecho emigrar, expulsado o lo que sea (el término siempre ha estado dentro de nuestros debates). Sin ellos el año me hubiese parecido eterno. Y gracias a sus ‘rides’ (que me llevaban en sus automóviles), he conocido cómo vive el angelino medio sin tener que agarrar un cordel para pedir las paradas de bus.

Y ahora un breve agradecimiento en inglés. Que se note que he mejorado mi guiri.

Thanks. One two three. One beer please. Have a good one. (Si sigo escribiendo voy a poner paja y es un idioma muy práctico en el que se nota enseguida lo superfluo)

Hasta siempre desde LAX


Es Sta Mónica, pero es más LA que muchos otros sitios

PD: No descarto volver a la blogosfera si la vida me lleva a un lugar interesante con cosas que contar. Y aunque no sea muy interesante que al menos tengan costumbres diferentes y ridículas de las que nos podamos reír juntos.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Jalogüin (Halloween en LAGONfidential)

Tras dar la brasa con los disfraces frikis de EEUU, debo cumplir con lo prometido: dar cuenta de lo sucedido en la noche de los muertos. 


West Hollywood, gente con pinturash

A pesar de que a algunos no les haga gracia la parafernalia de esta fecha tan señalada del ‘American Way of Life’, sin duda de las que he vivido hasta la fecha es la más espectacular y cercana a lo que un europeo medio consideraría montárselo bien.

Como os podéis imaginar, las calles residenciales con chaletitos están totalmente decoradas para la ocasión desde hace al menos un mes. Con tumbas en el césped, calabazas a tutiplén y arañas con sus telas puestas a veces con orden y estilo. En otras ocasiones se nota que los niños lo han decorado o simplemente ha sido el marido.

Me hacía ilusión ver a los niños con sus cestitas naranjas limosnear unos dulces. En realidad lo hacen solo en determinadas zonas y hasta entre tiendas de centros comerciales. Van en principio por su cuenta, bajo la atenta mirada a 50 metros de los padres que llevan a los más pequeños.

Una de las historias que más me ha gustado que me han contado un par de americanos sin nada en común, es que la noche de los caramelos en el país de la obesidad, hay algunos malnacidos que pretenden hacer proselitismo de la comida sana. Y en lugar de dar caramelos, dan manzanas o zanahorias. Vamos, como predicar en un Gran Premio de F1 sobre los coches eléctricos o como promocionar retiros espirituales en Salou después de exámenes. Lógicamente, estos insensatos de la zanahoria como aperitivo de Halloween reciben su particular venganza canalla a modo de lanzamiento de papel higiénico u otro modus operandi que esté de moda en la zona.

Tuve la fortuna de ser invitado a una casa a tomar algo antes de ir a la fiesta del día 31. Por diversos motivos, no pude asistir a los pertinentes festejos del finde precedente, que es en realidad, cuando se festeja esta festividad.

Ahora os imaginaréis, una casa con calabazas guays decoradas, cupcakes con motivos tétricos y Cheetos Pandilla (que tienen fantasmas y murciélagos). Nada más lejos de la realidad. Estuvimos un grupo de peninsulares expatriados sin decoración ni ponche pero con vasos rojos y música hortera. Como en casa.

Al rato fuimos a West Hollywood, el municipio invertido de LA, dónde se celebra una especie de Carnaval de Halloween donde cortan las calles y se llena de gente.

La verdad es que no esperaba tal marabunta de gente. Por todos lados, con disfraces divertidos, cutres, currados o con gayumbos enseñando cuerpo. Obviamente empecé a piropear a los maromos más atléticos que se sentían profundamente halagados. Por desgracia, no me devolvían el halago.

Había varios escenarios, con gente bailando y supuestamente bebiendo en la calle. Se bebe más en un recreo de guardería que aquí en la calle. Mucha gente. Mucha peluca. Mucho cuerpo californiano.

De todos modos, las palabras más oídas durante la noche no fueron ni ‘bu’ ni susto, sino “Jodó”. Algo, que podría parecer maño pero era mexicano. Había un tropel de unos 800 o 1.500 puestos callejeros con perritos calientes con cebolla pochándose en cada esquina. Los Hot Dog, que en el estado opresor español venderían birras frescas, tenían precios muy acordes al estilo de los negocios capitalista, en función de la hora, te los ofrecían a 5 o a 2 dólares. con mucha verdura y todos los puestos iguales. Ninguno se arriesgó a probar con otra especialidad como hamburguesas o tacos. El sindicato del ‘Jodó’ lo tiene todo copado.

En conclusión, Halloween es la fiesta americana más auténtica. A falta de acción de gracias que es algo más familiar, sin duda me quedo con esta. El hecho de que hubiera gran cantidad de personas en la calle con buen rollo, me recordó las fiestas multitudinarias europeas.

PD: Todos os preguntaréis de qué demonios me he disfrazado. Me disfracé de cura. Uno, por homenaje a este país lleno de fans de Dios, que tanto proselitismo de sus creencias hacen y dos por West Hollywood, un barrio donde los sacerdotes católicos son especialmente tratados por su escasa contribución a la sobrepoblación mundial (con la consecuente falta de niños).

No. Simplemente lo elegí porque era barato, de los cuatro que quedaban en la tienda de disfraces a última hora y era bastante cómodo.Y me porté bastante bien, no fui irreverente y mostré mis saludos a los seis ó siete Papas disfrazados que me crucé durante la noche.

Para dar otra nota de color a esta ‘crónica’ tan colorida, os debo contar que mientras iba por la calle rumbo a la zona de jarana, nos cruzamos con varios mexicanos que creyeron que era un sacerdote de verdad y se santiguaron. Impresionante.

Hasta la siguiente desde West Hollywood!!


lunes, 14 de octubre de 2013

Visita a la tele americana

Tras haber pasado largas horas en platós europeos, tenía que llegar el momento de descubrir uno de esos lugares donde se cuece la magia en América. Para poder comparar con lo que se ve a grandes rasgos en la producción, había que ir de corderito de público.

Lo más cool de la televisión americana es el formato de reserva de entradas. Te registras y allí te ofrecen los invitados que tienen casi todos los programas del país. Si se cae gente, te avisan. Si fallas muchas veces, te dan un porcentaje de asistencia, que te repercute a la hora de lograr asistir en el futuro.

Sin embargo, una de las grandes diferencias con la industria de la que yo vengo (la de Pal del sur de Europa) es la comida. He estado en unos cuantos sitios y si ibas gratis tanto a autonómicas como a nacionales, siempre me daban algo de comer y de beber. Aquí no. Lo compras a una tipa anoréxica con carrito (al menos en la CBS).

Pero antes de entrar en el plató, el calentador de público nos dio una chocolatina para ganar a los espectadores y saber de donde eran, para unos juegos que hace el presentador como teaser del programa.

Lo más llamativo, es que te dicen que te rías aunque no tenga gracia. Y que no te rías demasiado. Que seas falso. Que mientas. Y si a alguien le apetece oír de fondo mis risas falsas, sigan el siguiente enlace.


Y elegimos la CBS, Craig Ferguson. No porque fuera el más famoso, sino porque el mamotreto de edificio pilla al lado. Allí graban también la mítica Ruleta de la Fortuna que lleva miles de años, antes de que Jorge Fernández naciera. Para los amantes de 30 Rock, les señalo que como la NBC también tienen pajes con llamativos trajes horteras.

Por otro lado, el programa estuvo bien. No salía todo a la primera e hicieron insertos como en las televisiones Pal. El presentador es escocés y se rió de que al fútbol lo llamen soccer y de lo complicado que es tener papeles en el país. Cosas de europeos.

Ah, por cierto, Zoey Deschanel, (que lo pronuncian aquí ultracursi) sigue igual de pirada y de guapa que el día que la conocí en los Globos de Oro.


Hasta la siguiente desde la Meca de la Televisión!!

viernes, 6 de septiembre de 2013

Guarras americanas II

Como bien sabe todo el mundo, EEUU fue fundado por puritanos. Por ello probablemente con el paso del tiempo se ha dado la vuelta a la tortilla (omelette en estos lares, tortilla es una masa para hacer burritos), y se les ha ido de las manos.

En todos los sentidos. Les encanta la moqueta. Aunque no son tan ingeniosos como los británicos de ponerla en el cuarto de baño. Una guarrada anglosajona en toda regla. Como las fregonas sin escurridor, que son la tónica general en este lugar.

Pero como en mi anterior post, voy a hablar de las comidas guarras americanas. Las verdaderas guarras de este país.

Se dice que Europa está siendo americanizada, que se pierden las costumbres. Lo dudo. Este verano he podido estar en supermercados de 3 países Schengen: Spain, France y Norway, dónde no tiene nada que ver con los gustos alimenticios que se tienen en este país. Señores, a pesar de que cada vez las culturas se van haciendo más neutras, la tortilla envasada, el pato confitado o el salmón a cascoporro, son ejemplos de comidas que cada país tiene y tendrá. Dicho queda.

Después de tanta paja, llega la mierda. En sólo una semana he encontrado los siguientes elementos dignos de mención:

EL VODKA DE CUPCAKE: 

Si ya las magdalenas pintadas deberían ser algo para dar de comer a gente en psiquiátricos, llega a todas las barras americanas el licor más empalagoso. Un vodka de Cupcake. Para cursis, invertidos sin glándulas salivales o gente que desea morir por un coma etílico. Lo empiezan a recomendar en las reuniones de alcohólicos anónimos. Si lo bebes, no vuelves a ingerir una gota de alcohol en tu vida.  

Pero si ves que tu vida no tiene sentido, puedes optar por lo siguiente:
Sobredosis de azúcar con una docena de cupcakes de Hello Kitty (o de Dora la exploradora) regados con el vodka cupcake. Jamás lo he probado, pero la ciencia dice que eso mataría hasta a un bisonte.
 
Beodo de cursileria

 

 LA SOPA HAMBURGUESA/ FAJITA

 Después de la sopa de letras, de números y de Pokemon, la industria de la comida preparada tenía un gran reto para seguir avanzando. Sus departamentos de I+D, cansados de poner al pollo más condimentos decidieron dar un paso hacia la conquista de las despensas americanas. Han creado la sopa que "vale como una comida".

Pues sí. sopa de pollo estilo quesadilla o de hamburguesa con queso. Guarro no, lo siguiente. Felicito desde aquí a los cocineros investigadores de Campbell. Desde que Andy Warholl les hiciera famosos, han tenido que ir superándose. ¿Podría ser acaso una nueva versión postmoderna del PopArt? ¿Está inspirado en las deconstrucciones de Ferrán Adriá? ¿Pueden comerla los perros?
Sopita ligera para cenar antes de dormir

CROQUETAS MAC & CHEESE

Es cierto que en la península ibérica se ha llegado a un barroquismo absoluto en el tema croquetil. De ser un plato gañán y mal pronunciado en la mayor parte de la geografía, se ha ido refinando un gran concepto, poníendolas en platos cuadrados y rellenándolas de lo que les salia de los frigoríficos a los cocineros.

Pero no. Hay cosas que no valen. Como me decía una amiga en Instagram, todavía no las hacemos de macarrones con chorizo. Menos mal. Pero aquí han querido experimentar con texturas, como con la sopa. En realidad hacer guarradas con los macarrones con queso americanos es algo bastante típico. Mi colega el Richie, del que ya escribí hace un tiempo, iba a una tasca y se pedía los macarrones con queso con alubias. El siguiente paso está claro, la guarrindongada es la croqueta con esa masa. 

Y encima de marca blanca.

Sean felices y coman perdices. Hasta la siguiente desde el país de la cocina fusión!!











domingo, 1 de septiembre de 2013

La Odisea LAGONfidential (el karma castiga las mentiras)

La vuelta de LAGONfidential al gran estado de California no ha sido la más fácil. Hasta la fecha, nunca había tenido ningún problema con los aviones. El karma ha decidido castigarme por haber pasado demasiado buen verano seguramente o por un pequeño giro del destino.

Tras ir de empalmada a la gran T4 con mis amables progenitores, cogí mi primer vuelo con destino a Heathrow, el aeropuerto bueno de Londres. Toda la Odisea comenzó cuando mentí, nada más montarme en el avión. La amable azafata me preguntó si me podía cambiar mi preciado sitio de ventana (que con gran alegría había seleccionado el último desde el autocheckin de Iberia) para sentarme en un bonito pasillo y así poder juntar a una pobre familia que habría llegado tarde al aeropuerto y me deseaban fastidiar la existencia durante las dos horas largas del trayecto. Sin embargo, mi condición de alavés, falso y cortés, hizo que saliera de mí un incivismo mentiroso. Le dije a la azafata que necesitaba ventana, que si no me iba a marear. (como si pudiera abrirla para tomar el fresco).

Una mentira cruel, todo por ver unas vistas aéreas de un par de ciudades y poder apoyarme en la pared, desencadenó el resto de trágicas consecuencias.

Primero el comandante de la aerolínea española informó que los amables gabachos saboteaban su espacio aéreo (o algún tecnicismo similar) para que tardáramos 10 minutos más de la cuenta. Luego, que si los Londinenses no nos dejaban aterrizar.

Con la tontería el vuelo llegó tarde. No sé exactamente cuánto. Pero con tiempo de sobra para volar hasta EEUU. Londres tiene un aeródromo principal bastante gigantesco. El bus entre terminales tardó más de 20 minutos y sin salir de zonas de seguridad.

Con algo más de una hora de margen fui al mostrador de Virgin para que me dieran mi tarjeta de embarque, pues mi maleta azul (una reliquia con ruedas que lleva conmigo más de una década) ya había sido facturada con rumbo a LAX (el aeropuerto angelino) desde Madrid.

Pues no. Me preguntaron que porqué no había ido antes. Les respondí que porque no me dejaban de volar del avión en marcha (o alguna contestación similar menos borde y con menos gracia). La azafata me ofreció irme a NY, una gran ciudad, pero que tiene un pequeño fallo. Se encuentra en el océano opuesto a Los Ángeles, que se supone que da nombre a esta bitácora. Me dijeron que al día siguiente había otro vuelo a mi destino, al cual acabaría yendo varias horas después.

Con el wifi londinense escribí desesperado quejándome de mi situación. Me trasladé a la otra lejana terminal comiendo un rico bocadillo de jamón preparado en la península ibérica y me fui a British-Iberia a pedir un hotel. Me lo dieron. Y un kit de supervivencia con cosas de aseo y una camiseta blanca de mi talla.

En la espera del bus hacia mi hotel, contacté con un amigo vitoriano que habita en la ciudad. Tenía que haber ido directamente con él, pero las necesidades biológicas y la sensación de haber malgastado el tiempo por el hotel, me hicieron ir hacia el establecimiento.

Allí me pegué una de las mejores duchas de mi vida. En el hotel más cutre que he visitado en años (casi, hubo otro peor en EEUU con quemaduras en las sábanas) con wifi por dos libras cada media hora. En realidad me apetecía un montón ir a verle y dar un voltio por ahí así que volví al aeropuerto y cogí un tren hacia el centro y después un metro (ojo de la cara ambos). Llegué a Notting Hill, donde me esperaban dos vitorianos con sus colegas bebiendo en la calle de buen rollo.

Había más españoles que en la puerta del sol en Nochevieja. Buen rollo, mucha gente beoda, muchas guiris con aspecto de facilonas y sonrosadas (había olvidado el horterismo inglés y su golfismo).

Resulta que justo llegué durante los carnavales del barrio, los que salen en la ‘adorable’ película de Julia Roberts y Hugh Grant. Ambientazo.

La estampa era surrealista. Yo con mi mochilita de mano tomando una lata en Londres mientras la cabeza estaba sobrevolando Michigan. Conocí a un costamarfileño absolutamente crack que se había impregnado de chocolate (y se le distinguía en la piel) en una de las carrozas, que nos llevó a su residencia que compartía con un marroquí.

De ahí y todavía con la mente en las nubes, cogimos un mítico bus rojo de dos pisos para ir a la casa vitoriana en frente del estado del Chelsea. Cenamos y dormí en una colchoneta. Como Dios. El moreno también se quedó dormido. Le hubiera ofrecido colchoneta, pero ya iba por la quinta fase Rem.

Por la mañana, volví al aeropuerto, cogí el vuelo. Comí pollo korma a miles de metros sobre el suelo (una pincelada de color indio a esta anécdota) y aterricé en el caluroso sur de California sobre las 4 de la tarde.

Pasé la aduana sin problemas y justo al esperar la maleta delante de las cintas, oí por megafonía que me llamaban para ir a un sitio. Se puede mejorar mucho el inglés fuera de casa, pero entender lo que dicen por megafonía no lo hago yo ni en Foronda en las dos lenguas oficiales.

Mi maleta no había viajado conmigo. Durmió por la noche en Londres y cuando les dije que la llevaran en mi avión no llegó. Me la iban a mandar por la noche a casa. A las 11 de la noche llamé a la compañía y no la tenían localizada. No dormí muy bien metiéndome cada poco rato a ver si se localizaba. Pero por la tarde un empleado de reparto me dijo que me la llevaba a casa. Sin embargo yo no estaba, ni mis vecinos de confianza. Así que le dije al hombre que me la metiera en la terraza, que vivo en un bajo y no se ve desde fuera.

Me llamó para confirmarme que la entrega había sido perfecta.

Sobre las once y pico de la noche, llegué a casa después de haber tenido algo de vida social con estimados expatridos con los que suelo quedar en la ciudad. La terraza estaba vacía. Vuelco al corazón y al bazo. Y el estómago no porque acababa de cenar. Miro por todo el edificio, le escribo a mi vecino por si había visto algo y me sugiere que mire en la terraza del edificio de enfrente. Subirse era complicado. Saco una foto. Nada. Otra, tampoco. Voy copando todos los ángulos… Y zas! Maleta enfrente de casa. Tuve que hacer malabares para sacarla a pulso con una valla de dos metros y pico. Espectacular. Alivio. Respiración. Fin de la Odisea.

Conclusión: niños, nunca mintáis. Que el karma os puede castigar. No lo recomiendo. Y el karma tiene cosas raras. Incluso a veces la “Karma” se puede ir a dar clase a una universidad americana. Las vueltas que da la vida. Como al pobre Ulises, de Odisea por Grecia.

Hasta la siguiente Odisea!!

London, camiseta British Airways Pret-a-Porter

jueves, 30 de mayo de 2013

El Richie

Mi nuevo compañero de curro se llama Richie. El motivo del post es que es probablemente la persona más auténtica que he podido conocer en estos meses al otro lado del charco. De hecho, cuando le pedí permiso para hablar sobre él y sacarle unas fotos en exclusiva para colgar aquí, se puso contento. Sólo puso una condición: mencionar su Instagram para ganar más adeptos. @theriechiebanks, una cuenta legendaria.
Richie enseña su tatuaje de Mike Tyson
Este muchacho, no tiene pelos en la lengua. Puede piropear a chicas en la calle, desde el coche sin inmutarse, sin complejos. Le da igual lo que piensen, como pedirle el número a una camarera de Hooters, a dónde convence para ir a comer a su jefe gay.

El hombre tiene un parecido razonable a Vin Diesel, a quien no le importaba la comparación hasta que descubrió los rumores del ambiente de que es invertido. Lo cierto es que yo también desde que lo supe, le veo muchísima pluma en las entrevistas.

Ricardo dice que soy mexicano en coña. Yo le respondo que esto era una colonia española, que mire los topónimos. Le encanta el patinete, es un crack. Un día, después de su cumpleaños y de haber tomado un par de cervezas al cuadrado con sus colegas, encontramos unos afroamericanos haciendo saltos y acrobacias. Richie, convencido de sus habilidades les pidió permiso para usar su skate y tras varias decenas de intentos, de furia contra sí mismo, logró hacer uno de los vistosos trucos del mundillo.

Sus amigos me preguntaron si este buen hombre era así de auténtico trabajando o sólo con ellos en su tiempo de ocio. Mi respuesta, mientras se comía un cigarro, era obvia. En realidad, yo a este buen hombre no le entiendo todo lo que dice. La mitad más o menos. Entre su acento de NY y su jerga callejera, me pierdo. Y cuando hace una voz parecida a la de Andy de Little Britain (sin tenerlo como referente) es de los pocos momentos en los que sé lo que me desea transmitir. Al menos así hago oído.

Os podría contar más anécdotas que me ha transmitido y permitido contar en exclusiva en este blog. Pero no me ha parecido que pudiera interesar las historias cuando muerde el culo a una stripper. El interés general de esta bitácora es que viva yo la experiencia de este gran skater. Si me la cuenta pierde la gracia. Y sobre todo, que igual con lo que me cuenta, me invento la mitad.

Hasta la siguiente desde California!!

viernes, 10 de mayo de 2013

10 cosas que hacen los californianos y al resto del mundo le suda la polla


10 cosas que hacen los californianos y al resto del mundo le suda la polla



Después de tan abrupto título, sólo me queda pedir perdón y respeto por los Californianos. Son gente que recibe el viento del Océano Pacífico y les deja así.

1. Vegetarianos
Vale que ingerimos mucha carne. Pero el humano nació onmívoro. Y aquí no lo ven como una costumbre de invertidos.

Mierda vegetariana homemade GLH, Pesto genovés.


2. Yoga
Otra práctica habitual en estas tierras importada de Asia. Estirarse en plan zen. O son surferos o hacen yoga.

3. Dar las gracias al salir del autobús.
Sí. Lo hacen. La antigua colonia tiene estas cosas.

4. Pasear perros de esos que les cuesta respirar a pares.
Millones de bichos, a los que les recogen responsablemente la cacota. No tienen sanidad pública pero hay miles de hospitales para canes y tiendas para bichos.

5. Prefieren tener atascos que invertir en obra pública.
Dedican su vida a consumir gasolina encerrados en coches escuchando música en su tecnología de Cupertino. Muy ecológico. Baratísimo.

6. Ir a cafeterías caras a fardar de manzanita.
Van solos, hacen que escriben. Tienen pose. Creen que hacen vida social de esa manera. (para los previos de a la denostada LOGSE, la manzanita son mierdas de Apple)

7. Hipocresía con lo orgánico y el reciclaje.
Van de modernos y usan envases como nadie. Los pudientes no reciclan y se lo dejan al servicio. Los mendigos acumulan envases como si no hubiera mañana para sacarse unos dinerillos.

8. La segunda generación de latinos va de bilingüe.
Pero luego escriben peor que un niño de 6 años. Da vergüenza leer los carteles en presunto ‘cristiano’ con expresiones raras, faltas de ortografía y de todo. No me vale la excusa que es español latinoamericano. García Márquez, Vargas Llosa y Borges también nacieron en la región. Y nos dan mis vueltas escribiendo nuestra lengua.
No es que le den patadas al diccionario. Es que directamente echan las bolsitas de ‘regalitos’ de sus canes. Pobre DRAE.
'Pour' favor, usen el corrector de Word en español


9. Saludar a desconocidos en la calle y luego pasar de los vecinos.


10. Hablar por el teléfono conduciendo a escondidillas.
Pueden cagar dinero, que les cuesta comprarse un puñetero bluetooth manos libres. Pero luego se compran bicis de varios miles de dólares. Lógico. Al menos el cambio es automático. Pero conducen de asco.


 PD: Gracias por acogerme California!

domingo, 14 de abril de 2013

El todo al revés (en la antigua colonia)


Pensemos en cómo se hacen las cosas en el mundo. Cerremos los ojos y visualicemos el planeta. Vamos a darnos un paseo mental por las grandes capitales mundiales, por los puebluchos, por los desiertos. Ya. Abrid los ojos. Aunque bueno, deberíais haberlo hecho antes para seguir leyendo, que esto no es una audioguía de autoayuda aunque lo parezca.

Para ser más guays que el resto de los mortales, los americanos han decidido seguir una estrategia muy clara y hipster a la vez. Hacer todo al revés.

Los BIDONES de leche son de un galón y la gasolina. Y no porque esta nación tan libre haga todo a lo grande (ni que fueran de África, bueno, algunos mandatarios suyos tienen ancestros africanos), sino porque para estas maravillosas personas que hablan en inglés, los litros son algo que aparece en pequeño en las etiquetas. Como lo de las calorías de las cosas, que siempre vienen dos medidas y miramos la pequeña para sentirnos menos cerdos. Y estudian en el colegio las medidas internacionales. Pero es una folclorada, como saberse los riachuelos peninsulares y hacia qué playas llega nuestra orina.

En esta gran nación han decidido tocar las gónadas a los hombres de las medidas estándar en general. Para qué adaptarse a un sistema universal teniendo uno arcaico heredado de su pasado bajo la soberanía británica.

La recogida de basuras es a menudo durante el día. Y a menudo en muchas comunidades, una vez a la semana. Para que fertilice, como el biodiésel. Y reciclar es de mendigos, inmigrantes ilegales o usuarios del autobús urbano. Comen muy orgánico, sus prius híbridos pero lo de usar millones de envases para llevar la comida es su plan. Cortemos árboles para envasar plantitas regadas con agua mineral y heces de caballo.

Lo que más toca la moral a un sureuropeo que viene de un país tercermundista a la nación de las grandes compañías tecnológicas, es que las transferencias bancarias no se llevan mucho. Sí, muchos empleadores continúan usando los cheques. Incluso para pagar legalmente el alquiler de un piso se mandan habitualmente cheques en correo postal. Yo creo que lo hacen para apoyar al servicio postal, que se tiene que recuperar de haber estado patrocinando a deportistas profesionales que corrían en bicicleta con inyecciones y espaguettis.

Por otro lado, lo único que pueden haber hecho los estadounidenses, como gran parte de los mortales (a excepción de los británicos y los japos que también son de dar de comer en un lugar especial) es conducir por la derecha. Sin embargo, para continuar con su tónica de diferenciación respecto del resto de la humanidad, han decidido que en un cruce o stop, pasa el primero que llega. Con la ambigüedad que ello supone. ¿Funciona? A ratos.

Y como seguro que muchos habréis echado en falta más de un hábito curioso, hacédmelo saber. Gracias. Hasta la siguiente desde el Océano Pacífico.

lunes, 8 de abril de 2013

El día del veterano

Bonita alcantarilla con los colores de la bandera gabacha (GLH)
La semana pasada fui a comer por ahí con mi compañero de curro. Un chaval joven americano de origen asiático. Al salir del restaurante, nos cruzamos con un señor mayor que se nos puso a hablar.

Tenía un aspecto desgarbado, pero no parecía el típico mendigo de autobús. Como se estaba dirigiendo a nosotros, mi compañero se paró. En ese momento me miraba a mí, pidiéndome pasta porque era veterano y no tenía con qué comer, afeitarse y cortarse el pelo.  Mi compi no se movía y el tipo se quedó mirándome y contándome que era un hombre sin pasta y necesitaba comer. Yo me intenté hacer el loco, el turista pringao, pero caí que decir que sólo hablo español, es algo totalmente estúpido en Los Ángeles, dónde puedes vivir sin saber inglés. Así que me hice el italiano. Pero el hombre era un gran polígloto. Me dijo en italiano que era un veterano y necesitaba dinero. O se tiró el moco como suelo hacer yo en el país transalpino. Basta decir los verbos en francés agitando las manos con acento de mafioso y ya pareces un espaguetti con pedigrí.

Ante tal esfuerzo de medios, o de chapurrear algo similar al idioma oficial de los hidratos de carbono con tomate, saqué la cartera y le dí un billete. ¡Sí! Un billete. Un derroche. Un dólar. Y el hombre se quedó mirándolo, enseñándolo perplejo. Fueron tres segundos bien tensos. El hombre no daba crédito y mirábamos mientras nos íbamos. Era un poco exagerado. Un momento raro de incertidumbre de sitcom mala. Mientras nos íbamos, el hombre comenzó a decirnos que qué pensábamos que era eso, y le dijo mi compi que soy un pobre becario.  Desde la lejanía, creí entender que le decía a mi compañero que no había ido a la guerra, para salvar a un país y que le decía mierdas racistas. Mi compi se defendió gritándole con fuerza.

VERSIÓN REAL

Sin embargo, todo eso no sucedió así exactamente. Como en toda sitcom de esta era, como How I Met Your Mother, la realidad puede que fuera trastocada en mi cabeza, pues el veterano no es que hablara precisamente con un acento académico.

Mi compi, un americano de verdad me desveló los secretos de la conversación que mi cabeza distraída y peliculara inventó. No hubo racismo. El veterano simplemente nos llamó rácanos, Cheapskate (que suena a modalidad de deporte sobre ruedas), y que su Dios nos iba a castigar con ello. A lo que mi compañero respondió diciendo que Mahoma, Jehová o la deidad que le tocara, le iba a castigar por gilipollas. Y digo yo. Con la de trabajo que tiene, dudo que el ente todopoderoso se vaya a dedicar a estas mierdas.

Qué daño han hecho los subtítulos de The Wire. Ya no pillo las trifulcas del barrio. O será que tengo hecho el oído a los afroamericanos traficantes de droga de Baltimore. No sé. Espero que Dios no me castigue por ello. Mientras espero el castigo, me despido desde la avenida de Corinto, en la ciudad de los angelitos.

¡Hasta la siguiente desde California!