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viernes, 1 de noviembre de 2013

Jalogüin (Halloween en LAGONfidential)

Tras dar la brasa con los disfraces frikis de EEUU, debo cumplir con lo prometido: dar cuenta de lo sucedido en la noche de los muertos. 


West Hollywood, gente con pinturash

A pesar de que a algunos no les haga gracia la parafernalia de esta fecha tan señalada del ‘American Way of Life’, sin duda de las que he vivido hasta la fecha es la más espectacular y cercana a lo que un europeo medio consideraría montárselo bien.

Como os podéis imaginar, las calles residenciales con chaletitos están totalmente decoradas para la ocasión desde hace al menos un mes. Con tumbas en el césped, calabazas a tutiplén y arañas con sus telas puestas a veces con orden y estilo. En otras ocasiones se nota que los niños lo han decorado o simplemente ha sido el marido.

Me hacía ilusión ver a los niños con sus cestitas naranjas limosnear unos dulces. En realidad lo hacen solo en determinadas zonas y hasta entre tiendas de centros comerciales. Van en principio por su cuenta, bajo la atenta mirada a 50 metros de los padres que llevan a los más pequeños.

Una de las historias que más me ha gustado que me han contado un par de americanos sin nada en común, es que la noche de los caramelos en el país de la obesidad, hay algunos malnacidos que pretenden hacer proselitismo de la comida sana. Y en lugar de dar caramelos, dan manzanas o zanahorias. Vamos, como predicar en un Gran Premio de F1 sobre los coches eléctricos o como promocionar retiros espirituales en Salou después de exámenes. Lógicamente, estos insensatos de la zanahoria como aperitivo de Halloween reciben su particular venganza canalla a modo de lanzamiento de papel higiénico u otro modus operandi que esté de moda en la zona.

Tuve la fortuna de ser invitado a una casa a tomar algo antes de ir a la fiesta del día 31. Por diversos motivos, no pude asistir a los pertinentes festejos del finde precedente, que es en realidad, cuando se festeja esta festividad.

Ahora os imaginaréis, una casa con calabazas guays decoradas, cupcakes con motivos tétricos y Cheetos Pandilla (que tienen fantasmas y murciélagos). Nada más lejos de la realidad. Estuvimos un grupo de peninsulares expatriados sin decoración ni ponche pero con vasos rojos y música hortera. Como en casa.

Al rato fuimos a West Hollywood, el municipio invertido de LA, dónde se celebra una especie de Carnaval de Halloween donde cortan las calles y se llena de gente.

La verdad es que no esperaba tal marabunta de gente. Por todos lados, con disfraces divertidos, cutres, currados o con gayumbos enseñando cuerpo. Obviamente empecé a piropear a los maromos más atléticos que se sentían profundamente halagados. Por desgracia, no me devolvían el halago.

Había varios escenarios, con gente bailando y supuestamente bebiendo en la calle. Se bebe más en un recreo de guardería que aquí en la calle. Mucha gente. Mucha peluca. Mucho cuerpo californiano.

De todos modos, las palabras más oídas durante la noche no fueron ni ‘bu’ ni susto, sino “Jodó”. Algo, que podría parecer maño pero era mexicano. Había un tropel de unos 800 o 1.500 puestos callejeros con perritos calientes con cebolla pochándose en cada esquina. Los Hot Dog, que en el estado opresor español venderían birras frescas, tenían precios muy acordes al estilo de los negocios capitalista, en función de la hora, te los ofrecían a 5 o a 2 dólares. con mucha verdura y todos los puestos iguales. Ninguno se arriesgó a probar con otra especialidad como hamburguesas o tacos. El sindicato del ‘Jodó’ lo tiene todo copado.

En conclusión, Halloween es la fiesta americana más auténtica. A falta de acción de gracias que es algo más familiar, sin duda me quedo con esta. El hecho de que hubiera gran cantidad de personas en la calle con buen rollo, me recordó las fiestas multitudinarias europeas.

PD: Todos os preguntaréis de qué demonios me he disfrazado. Me disfracé de cura. Uno, por homenaje a este país lleno de fans de Dios, que tanto proselitismo de sus creencias hacen y dos por West Hollywood, un barrio donde los sacerdotes católicos son especialmente tratados por su escasa contribución a la sobrepoblación mundial (con la consecuente falta de niños).

No. Simplemente lo elegí porque era barato, de los cuatro que quedaban en la tienda de disfraces a última hora y era bastante cómodo.Y me porté bastante bien, no fui irreverente y mostré mis saludos a los seis ó siete Papas disfrazados que me crucé durante la noche.

Para dar otra nota de color a esta ‘crónica’ tan colorida, os debo contar que mientras iba por la calle rumbo a la zona de jarana, nos cruzamos con varios mexicanos que creyeron que era un sacerdote de verdad y se santiguaron. Impresionante.

Hasta la siguiente desde West Hollywood!!


sábado, 19 de octubre de 2013

Previo al Primer Halloween II

Reconozco que me he puesto un poco pesado repitiendo el mismo tema del post. Pero merece la pena mostrar la nuevas revelaciones que he tenido sobre la fiesta americana de octubre por excelencia. 

Para no aburriros, no los voy a clasificar, simplemente os voy a mostrar cómo te puedes sentir el rey de las fiestas.


1. TIBURÓN COME PERSONAS

Ideal para los alérgicos al marisco y al pescado. O para fans de Mandíbulas, el peliculón de Spielberg.



2. EL DEDITO OBSCENO

Un dedo para mandar a paseo a toda esa gente indeseable que existe en el mundo. Algo muy habitual si eres americano y bebes algo de más. Son como quinceañeros que no saben pimplar.


3.ÁRBITRO CON GRANDES DEFICIENCIAS VISUALES
Indispensable para dirigir encuentros del Madrid y el Barça. Imprescindible llevar la boca abierta.



3. FAMILIARES ENCHUFADOS

Recomendado para metáforas fáciles en múltiples sentidos.



4. EL HAPPY CAMPER

Una maravilla de la naturaleza. Recrea lo más profundo de la cultura universal con un trasfondo deportista y humanista. Al 'feliz' camper se le ha metido una ardilla en la pantaloneta y le hace cosquillas. Una risa profunda que refleja este disfraz para intelectuales.



5.CASANOVA

Para todos aquellos que siempre fantasearon con limpiarse el orto con billetes. Clase, pipa, seda y whiskey. Sólo les falta la querida que les lleve el Financial Times delante de la chimenea.



Obviamente, después de tanto previo, tendré que colgar un post primer Halloween. Espero no daros miedo.

Hasta la siguiente desde el más allá!!!

miércoles, 20 de febrero de 2013

El autobús del terror II

El mini Eminem (GL-H)
Los buses de Los Ángeles, pueden ser todo lo asquerosos y malolientes que queråis. Pero sin duda son una fuente inagotable de historias, anécdotas y chascarrillos.

En esta segunda entrega, mucho menos espectacular, quiero dejar detalles de lo vivido en esos carros motorizados.

Una soleada mañana (como si fuera algo raro al sur de California), en la parada empezaron a discutir una pareja de afroamericanos. Entraron conmigo al bus y se sentaron con sus dos hijos cerca de mí. Los niños, preciosos pequeños color chocolate de unos 7 años y gemelos, habían sido vestidos cual rapero molón de la MTV. Con pendientes, gorra y toda la parafernalia del Hip Hop. Sólo les faltaba la ‘cadenaca’ de cuero. Uno de ellos, al ver que no les hacían caso, se puso a llorar. Preguntaban cosas sobre las paradas y el viaje a sus progenitores. Ni puto caso. Eran sin duda malos padres.

Otro día, unos horteras se piropearon mutuamente. La que inició los halagos era una señora de unos 50 palos que llevaba un sombrero como para ir a ver las carreras de caballos pero en negro. El tipo que recibía el cumplido, era un muchacho en la veintena, con unas mallas de leopardo prietas y farda paquete. Además iba peinado a lo Elvis-afro. Típico de las américas liberadas.

Un momento que también me llamó mucho la atención relacionado con la ropa, fue cuando un muchacho de unos veintipocos con muletas y pintas de Eminem color azabache, se dirigió a un señor de mediana edad para ofrecerle comprar su sudadera de publicidad. El chico se encaprichó con la prenda un poco retro y le ofreció 40 turkeys (o pavos en castellano en su defecto) al señor. A pesar de la insistencia del muchacho, que le rogó que le pusiera precio, el hombre de la sudadera, dijo que tenía valor sentimental y no la vendió. No pude ver mi primera transacción espontánea en un bus. Lástima.

Un fin de semana, que tenía que desplazarme por la mañana, me encontré en West Hollywood (el Chueca angelino con pasos de cebras multicolores) con un tropel de drags/travelos que todavía conservaban parte del maquillaje. Aparte de parecer un gallinero el lugar por la cantidad de plumas y el alboroto, se pusieron a comer. Me llamó la atención su dieta: pollo asado a las 10 de la mañana y fresas. Todo muy típico, el desayuno machote: birra y pizza, el invertido: fresas y aves sin plumas. Lo que aprende uno yendo en transporte público.

Muchas veces, no funciona la máquina dónde pagar. Si vas con tarjeta, pagas. Si no. Viaje gratis. Sin embargo, luego cuando un yonki-mendigo-persona rara, no quiere/puede pagar, montan un pollo enorme para que pague. Coherencia.
Señor que hablaba solo

Mi bici en el bus del terror con miedo a conductores asiáticos

viernes, 15 de febrero de 2013

Desde La Senda al paseo de la Fama (colaboración con El Correo)


Hoy os voy a colgar una colaboración que he hecho con el diario local vitoriano El Correo para su edición digital. No cuento nada nuevo para esta bitácora, lo único llamativo para los fieles lectores, son algunos guiños a la tierra que me vio nacer, crecer y defecar. Muchas gracias.

http://www.elcorreo.com/alava/ocio/201302/15/vitoriano-hollywood.html


Nací en Txagorritxu en el 86 y vivo en Los Ángeles desde hace un par de meses. Como buena parte de mi generación, nos ha tocado vivir la famosa fuga de 'cerebros'. Volveremos. Mientras, hay que disfrutarlo y dar el callo en ultramar. De momento, voy a estar seis meses con una maravillosa beca del Gobierno vasco para trabajar en el extranjero, en este caso en la Meca del cine occidental.
Hollywood son varios barrios de Los Ángeles. A lo grande, como todo en este país. En lugar del paseo de la Senda, tienen el paseo de la Fama. A las pocas horas de aterrizar, debido a que estoy en una empresa audiovisual que cubre los eventos relacionados con el mundillo de las estrellas, estuve durante la presentación de la estrella en el paseo de Hugh Jackman. Me hizo mucha ilusión verle al australiano ya que mi abuela es muy fan de una de sus películas. Deberían hacer lo mismo en la Senda. Un buen reclamo para turistas: la estrella de Juanito, Martín Fiz o, por qué no decirlo, Iker Jiménez. Al menos aquí funciona.
Los Ángeles, la ciudad, es inmensa. Es lo opuesto totalmente al modelo sostenible gasteiztarra. La gente va en coche a todos lados con atascos eternos. Y el transporte público es... digamos simplemente que para gente con pocos recursos. Pese al glamour que puede tener la ciudad, sus autobuses son deplorables. He vivido momentos tensos, de gente que no quería pagar o que se caía de la borrachera que llevaba a las seis de la tarde. Incluso algún compañero de viaje me ha ofrecido alcohol en marcha para hacer la travesía más amena.
Las grandes diferencias sociales son algo evidente nada más bajar del avión. Yo he podido ver al 'malo' de la temporada pasada de Dexter (que es hijo de Tom Hanks) comprarse un café, mientras en la calle se paseaban mendigos con carritos de la compra. Da pena ver que en una ciudad donde mucha gente excreta dinero, haya tantas personas que duermen en la calle.

Superbowl y el 'streaming' del Glorioso

Recientemente, he tenido el placer de asistir a una de las celebraciones mås americanas que existen: la Superbowl de fútbol americano. No estuvo mal, pero me quedo con mi 'streaming' del Glorioso por la tele o por la radio mientras desayuno, cosas del cambio horario. Se hace raro, sí, pero esta temporada no es una mala razón para madrugar. Sin embargo, lejos de ver el partido de la final de las ligas americanas con los auténticos trozos de pollo frito y lugareños bebiendo cerveza, estuve con unos colegas filipinos que me invitaron a su casa.

Gracias a la generosidad y la hospitalidad de esta gente, he podido descubrir que la conquista del país asiático les ha dejado gran cantidad de palabras en su vocabulario de la lengua de Cervantes. Incluso comen una cosa similar a la paella que llaman 'arroz valenciana'. Además ese mismo día después del partido, uno de los filipinos nos enseñó dónde vive: en una mansión de Beverly Hills. No era el propietario sino el cocinero-portero de una familia que vive en un complejo que tiene tres edificios: uno enorme para el servicio (en el que estuve), otro para los dueños y otro para invitados. Cada uno con su correspondiente piscina. La finca era de semejante tamaño que desde el garaje de la entrada hasta el edificio principal se desplazan en carrito de golf.

El 'Bollywood' californiano es una ciudad cosmopolita a rabiar. Podrías comer cada día del mes en una tasca étnica diferente. Los barrios, a parte de los exclusivos Bel Air y Beverly Hills donde se 'hacinan' las estrellas, están separados por muchas zonas diferenciadas de los inmigrantes que fueron poblando el centro de la industria del ocio gracias al clima templado que hace todo el año. No se llevan los trenes de castañas para combatir el inexistente frío.

Por un lado, hay un barrio chino espectacular en el que no se oye hablar inglés, otro coreano, japonés, armenio, mexicano, zonas de salvadoreños, la pequeña Etiopía... Es la ONU en torno al 'show business'. Lo llamativo y raro es encontrarse con oriundos de la ciudad. En general la ciudad no es especialmente bonita. El glamour de unas zonas contrasta con unos céntricos rascacielos rodeados por kilómetros y kilómetros de casas y oficinas de no más de dos alturas. ¿Redensificaciones? No, gracias.

Hace unas semanas estuve en los Globos de Oro (sí, como diría el tópico la antesala de los Óscar). Nada destacable. Mucho postureo y muchas caras conocidas. Pude pisar la alfombra roja, pero nadie se fijó en mí. Bueno sí, una pareja de mexicanos, para que me apartara y se sacaran una foto.
Sin duda lo que más echa un alavés de menos en estas tierras (a parte de su querida familia y amigos), es poder tener un sitio donde pasear y tomar algo. Aquí andar es de pobres. Aparte de la playa de Santa Mónica, donde Schwarzenegger se 'mazaba' antes de ser gobernador, es raro ir a tomarse una caña por ahí. Cuando van a los bares, van a emborracharse. Y les echan si les notan un poco achispados. A ver cuando inventan el pintxo-pote por Skype y nos tomamos algo. Un saludo desde Hollywood.

martes, 12 de febrero de 2013

Mi Must, segundo mes


Ha sido un mes diferente, de transición hacia una ‘normalidad’ en el otro lado del charco. Se acaba la novedad y ya no hay tantas cosas guays que hacer por primera vez. El niño con zapatos nuevos, ya los tiene un poco desgastados. Estoy perdiendo la inocencia de un recién llegado. Los ojos de sorpresa y asombro me están convirtiendo en un angelino más. Pero bueno, uno va aprendiendo poco a poco algo del idioma de Scarlet Johanson (sí, se abusa a otorgarle la exclusividad del idioma a Shakespeare) y de una gran ciudad.

CHECKS

Granizado dulzón, Fresisuis (GLH)
He tomado un Fresisuis como en los Simpson. Era rollo light y de melocotón y mandarina. Rico, dulzón a rabiar. Una especie de granizado con gelatina en el fondo. Otra guarrada americana más.

Ir a una entrega de premios. Creo que alguna mierda ya he escrito sobre los Globos de Oro. Nada del otro mundo.


NUEVOS MUST


Ducharme en una boca de agua callejera para apagar los incendios.

Ver una pelea de barro/ concurso de camisetas mojadas (no es machista, pueden ser hombres corpulentos los que participen, o no?)

Conocer a un abogado picapleitos con camisa hortera.

Ponerme una camiseta con una mano señalando que estoy con un estúpido.

Comer en una furgoneta callejera (CHECK). Tenían hasta Facebook. Nos llevan años de adelanto...

Que me limpien el coche colegialas para irse de viaje de fin de estudios. El problema es que no tengo coche que limpiar. Pero si no, la bici.

Ir a Las Vegas y decir: “Todo al rojo!” Y el pobre Carrillo se revuelve en su tumba...

Disfrazarme para ir a un estreno de cine

Participar en una batalla campal de comida. Con espaguetis con albóndigas, como debe ser.
Comprar algo por Internet a un desconocido y que te lo lleve a casa (CHECK). Ya tengo sofá, muy barato y traído a casa por una actriz galesa. Limpio y nuevo. Ya hago vida de salón.

martes, 25 de diciembre de 2012

Fiesta de vasos rojos (Check)

Rojos, como los comunistas (G L-H)
En estas fechas tan señaladas, lo mejor que puede hacer uno es ir a una fiesta con vasos rojos. Se Nochebuena o cuando sea. Pero casualmente ha tocado esa noche tan especial para los ritos cristianos y gran parte de occidente.

Como bien saben mis lectores, llevo pocos días en esta gran ciudad, la segunda más grande del país del tío Sam. Pese haber partido hacia Europa mi gran apoyo hasta la fecha, que me ha dado alojamiento, vida y corte de pelo en este nuevo continente, he tenido la gran forma de poder conocer gente por Internet. Gracias a gente tan maravillosa, no se pasa tan mal estando lejos de casa.

Cumplí con los requisitos básicos para introducirme con desconocidos, tener un perfil en las redes sociales que no indicara que iba a ser un lunático o un potencial asesino en serie. Sí, iba a ser raro, un extranjero exterminador en el país de los Dexter y niños de Columbine. Y por pena, logré que me invitaran a uno de mis objetivos marcados para este viaje: una fiesta con vasos rojos.

La velada fue divertida, con muchos españoles, dónde también había que chapurrear algo de guiri con algún autóctono. Conocí gente interesante, hablé del veganismo, de las palabras prohibidas por otros hispanohablantes, como "coger". Se recomienda hacerse a la idea de quitar esa palabra del vocabulario para no tener malentendidos con la población que dice hablar aquí la lengua de Cervantes, que también es la lengua cooficial de la Comunidad Autónoma de Murcia (qué pesado con los murcianos, te va a odiar ese maravilloso colectivo).

Para ser la primera navidad lejos de mis seres queridos, no está mal. Porque en realidad en la cena ya he estado vía skype. Y las patas de cerdo curado loncheado de la mesa también me han echado en falta,  la pobre carne porcina de aperitivo ha notado mi ausencia. Incluso parte de las industrias cárnicas y algún matadero. Viva el jamón y viva la navidad.

¡Hasta la siguiente desde California!