lunes, 14 de octubre de 2013

Visita a la tele americana

Tras haber pasado largas horas en platós europeos, tenía que llegar el momento de descubrir uno de esos lugares donde se cuece la magia en América. Para poder comparar con lo que se ve a grandes rasgos en la producción, había que ir de corderito de público.

Lo más cool de la televisión americana es el formato de reserva de entradas. Te registras y allí te ofrecen los invitados que tienen casi todos los programas del país. Si se cae gente, te avisan. Si fallas muchas veces, te dan un porcentaje de asistencia, que te repercute a la hora de lograr asistir en el futuro.

Sin embargo, una de las grandes diferencias con la industria de la que yo vengo (la de Pal del sur de Europa) es la comida. He estado en unos cuantos sitios y si ibas gratis tanto a autonómicas como a nacionales, siempre me daban algo de comer y de beber. Aquí no. Lo compras a una tipa anoréxica con carrito (al menos en la CBS).

Pero antes de entrar en el plató, el calentador de público nos dio una chocolatina para ganar a los espectadores y saber de donde eran, para unos juegos que hace el presentador como teaser del programa.

Lo más llamativo, es que te dicen que te rías aunque no tenga gracia. Y que no te rías demasiado. Que seas falso. Que mientas. Y si a alguien le apetece oír de fondo mis risas falsas, sigan el siguiente enlace.


Y elegimos la CBS, Craig Ferguson. No porque fuera el más famoso, sino porque el mamotreto de edificio pilla al lado. Allí graban también la mítica Ruleta de la Fortuna que lleva miles de años, antes de que Jorge Fernández naciera. Para los amantes de 30 Rock, les señalo que como la NBC también tienen pajes con llamativos trajes horteras.

Por otro lado, el programa estuvo bien. No salía todo a la primera e hicieron insertos como en las televisiones Pal. El presentador es escocés y se rió de que al fútbol lo llamen soccer y de lo complicado que es tener papeles en el país. Cosas de europeos.

Ah, por cierto, Zoey Deschanel, (que lo pronuncian aquí ultracursi) sigue igual de pirada y de guapa que el día que la conocí en los Globos de Oro.


Hasta la siguiente desde la Meca de la Televisión!!

lunes, 7 de octubre de 2013

Pre primer Halloween en América

A pesar de que Europa ya ha importado la fiesta más americana, con gente disfrazada y niños pidiendo caramelos, me apetece pasar por primera vez en mi vida un acontecimiento tan señalado en su cultura audiovisual. Aunque tanto las navidades, como el año nuevo, la Superbowl y el día de la Independencia me decepcionaron, mantengo la esperanza en el pais del tio Sam para la víspera del uno de noviembre.

Lo que más ánimos me da es que desde el 15 de septiembre, han aparecido por toda la ciudad como setas tiendas especializadas en Halloween. Son locales vacíos inmensos que se aprovechan para este evento, pero bien montados. Como si fueran una tienda todo el año y sólo se hubieran reconvertido en mini parques temáticos del susto, la estupidez y los disfraces de guarrillas.

A pesar de que lo más llamativo a simple vista de estos lugares eran las figuras animadas que emiten luz y ruido para acojonar, en esta bitácora he decidido comentaros algo que es más interesante: los disfraces de los americanos.

1. DISFRAZ COMIDA

Para gente que no se come un colín, disfrázate de taco. Te comerán picantito. O darás pena y punto.



Para gente   con demasiada autoestima

O si lo tuyo son los desayunos que obstruyen las arterias, huevos con bacon la pareja que se come entre ellos. De todos modos, el disfraz de la rubia puede ser una sutil manera de atraer a machos diciendo que se siente atraída por los  poseen unos testículos grandes. Son teorías válidas.


En pack



2. DISFRAZ SOY ÚTIL

Aquí les gusta bastante lo de ser manitas con la carpintería. ¿Qué mejor manera que proclamarlo a los cuatro vientos en la fiesta de los muertos vivientes?
Seguramente estaréis pensando si se observa a la vez la foto, que el chiste soez en la tónica del anterior es lo que toca. No. Un metro y un taladro son en realidad un reflejo psicológico de las pretensiones de los disfrazados. El metro muestra a personas perfeccionistas y precisas. Y el taladro..., el taladro demuestra la habilidad de llegar al fondo de las cosas. Cualquier metáfora alejada a esta tesis la consideraré una herejía.


Filosofía, con efe de falo

3.DISFRAZ JUGUETE

Si quieres volver a tu juventud, para que te den más caramelos en la puerta de tu casa, necesitas tener algo divertido: un juguete o juego. Por 40 ó 50 pavos (de los de verdad no de esos del BCE), puedes convertir tu sueño realidad: volverte un bote de plastilina, una bola adivinadora, o un billar.

En cambio, si quieres ser el 'alma' de toda fiesta borracha, te puedes convertir en un test de alcoholismo. ¿Es gracioso? Igual en despedidas de solteros de policías. Al resto de la población dudo que les haga reír lo más mínimo.


Sóbame, gracias.

Guiri: ¿Soy lelo? Bola: No lo dudes

Ideal para alopécicos

Pitorro: humor de preescolar
Siéntete por una noche como un auténtico concejal de la costa mediterránea
De Gales
4. DISFRAZ TRIUNFADOR

Se supone que es una fiesta para permitirte ponerte una máscara. Ser algo que no quieres ser durante tu vida aburrida con normas encorsetadas. O simplemente para hacerte el gracioso. La siguiente tanda de ejemplos va a ir sin comentarios. Hablan por si solos. Hechos para triunfar.


Oso al lado de 'narcocamello'

Soy un paraguas 'invertido'. (N. del  A. :me encanta este pie de foto)

Disfraz alcohólico
Conclusión: los disfraces sacan lo peor de nosotros. Al menos no lo hacen en Nochevieja como en lugares raros. Disfrácense mucho. Cuidado con los sustitos. Cuidado con los taladros de las fiestas. Nunca se sabe lo que se esconde debajo de la máscara.


PD: Mención especial a todos esos modelos que posaron sonrientes para las fotos de estos muestrarios. Me pregunto si pondrán este trabajo en su currículum y en su fotobook. 

Mike Smith: modelo, disfraz de taco y de marihuana en 2013. También disponible para bodas y comuniones.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Guarras americanas II

Como bien sabe todo el mundo, EEUU fue fundado por puritanos. Por ello probablemente con el paso del tiempo se ha dado la vuelta a la tortilla (omelette en estos lares, tortilla es una masa para hacer burritos), y se les ha ido de las manos.

En todos los sentidos. Les encanta la moqueta. Aunque no son tan ingeniosos como los británicos de ponerla en el cuarto de baño. Una guarrada anglosajona en toda regla. Como las fregonas sin escurridor, que son la tónica general en este lugar.

Pero como en mi anterior post, voy a hablar de las comidas guarras americanas. Las verdaderas guarras de este país.

Se dice que Europa está siendo americanizada, que se pierden las costumbres. Lo dudo. Este verano he podido estar en supermercados de 3 países Schengen: Spain, France y Norway, dónde no tiene nada que ver con los gustos alimenticios que se tienen en este país. Señores, a pesar de que cada vez las culturas se van haciendo más neutras, la tortilla envasada, el pato confitado o el salmón a cascoporro, son ejemplos de comidas que cada país tiene y tendrá. Dicho queda.

Después de tanta paja, llega la mierda. En sólo una semana he encontrado los siguientes elementos dignos de mención:

EL VODKA DE CUPCAKE: 

Si ya las magdalenas pintadas deberían ser algo para dar de comer a gente en psiquiátricos, llega a todas las barras americanas el licor más empalagoso. Un vodka de Cupcake. Para cursis, invertidos sin glándulas salivales o gente que desea morir por un coma etílico. Lo empiezan a recomendar en las reuniones de alcohólicos anónimos. Si lo bebes, no vuelves a ingerir una gota de alcohol en tu vida.  

Pero si ves que tu vida no tiene sentido, puedes optar por lo siguiente:
Sobredosis de azúcar con una docena de cupcakes de Hello Kitty (o de Dora la exploradora) regados con el vodka cupcake. Jamás lo he probado, pero la ciencia dice que eso mataría hasta a un bisonte.
 
Beodo de cursileria

 

 LA SOPA HAMBURGUESA/ FAJITA

 Después de la sopa de letras, de números y de Pokemon, la industria de la comida preparada tenía un gran reto para seguir avanzando. Sus departamentos de I+D, cansados de poner al pollo más condimentos decidieron dar un paso hacia la conquista de las despensas americanas. Han creado la sopa que "vale como una comida".

Pues sí. sopa de pollo estilo quesadilla o de hamburguesa con queso. Guarro no, lo siguiente. Felicito desde aquí a los cocineros investigadores de Campbell. Desde que Andy Warholl les hiciera famosos, han tenido que ir superándose. ¿Podría ser acaso una nueva versión postmoderna del PopArt? ¿Está inspirado en las deconstrucciones de Ferrán Adriá? ¿Pueden comerla los perros?
Sopita ligera para cenar antes de dormir

CROQUETAS MAC & CHEESE

Es cierto que en la península ibérica se ha llegado a un barroquismo absoluto en el tema croquetil. De ser un plato gañán y mal pronunciado en la mayor parte de la geografía, se ha ido refinando un gran concepto, poníendolas en platos cuadrados y rellenándolas de lo que les salia de los frigoríficos a los cocineros.

Pero no. Hay cosas que no valen. Como me decía una amiga en Instagram, todavía no las hacemos de macarrones con chorizo. Menos mal. Pero aquí han querido experimentar con texturas, como con la sopa. En realidad hacer guarradas con los macarrones con queso americanos es algo bastante típico. Mi colega el Richie, del que ya escribí hace un tiempo, iba a una tasca y se pedía los macarrones con queso con alubias. El siguiente paso está claro, la guarrindongada es la croqueta con esa masa. 

Y encima de marca blanca.

Sean felices y coman perdices. Hasta la siguiente desde el país de la cocina fusión!!











domingo, 1 de septiembre de 2013

La Odisea LAGONfidential (el karma castiga las mentiras)

La vuelta de LAGONfidential al gran estado de California no ha sido la más fácil. Hasta la fecha, nunca había tenido ningún problema con los aviones. El karma ha decidido castigarme por haber pasado demasiado buen verano seguramente o por un pequeño giro del destino.

Tras ir de empalmada a la gran T4 con mis amables progenitores, cogí mi primer vuelo con destino a Heathrow, el aeropuerto bueno de Londres. Toda la Odisea comenzó cuando mentí, nada más montarme en el avión. La amable azafata me preguntó si me podía cambiar mi preciado sitio de ventana (que con gran alegría había seleccionado el último desde el autocheckin de Iberia) para sentarme en un bonito pasillo y así poder juntar a una pobre familia que habría llegado tarde al aeropuerto y me deseaban fastidiar la existencia durante las dos horas largas del trayecto. Sin embargo, mi condición de alavés, falso y cortés, hizo que saliera de mí un incivismo mentiroso. Le dije a la azafata que necesitaba ventana, que si no me iba a marear. (como si pudiera abrirla para tomar el fresco).

Una mentira cruel, todo por ver unas vistas aéreas de un par de ciudades y poder apoyarme en la pared, desencadenó el resto de trágicas consecuencias.

Primero el comandante de la aerolínea española informó que los amables gabachos saboteaban su espacio aéreo (o algún tecnicismo similar) para que tardáramos 10 minutos más de la cuenta. Luego, que si los Londinenses no nos dejaban aterrizar.

Con la tontería el vuelo llegó tarde. No sé exactamente cuánto. Pero con tiempo de sobra para volar hasta EEUU. Londres tiene un aeródromo principal bastante gigantesco. El bus entre terminales tardó más de 20 minutos y sin salir de zonas de seguridad.

Con algo más de una hora de margen fui al mostrador de Virgin para que me dieran mi tarjeta de embarque, pues mi maleta azul (una reliquia con ruedas que lleva conmigo más de una década) ya había sido facturada con rumbo a LAX (el aeropuerto angelino) desde Madrid.

Pues no. Me preguntaron que porqué no había ido antes. Les respondí que porque no me dejaban de volar del avión en marcha (o alguna contestación similar menos borde y con menos gracia). La azafata me ofreció irme a NY, una gran ciudad, pero que tiene un pequeño fallo. Se encuentra en el océano opuesto a Los Ángeles, que se supone que da nombre a esta bitácora. Me dijeron que al día siguiente había otro vuelo a mi destino, al cual acabaría yendo varias horas después.

Con el wifi londinense escribí desesperado quejándome de mi situación. Me trasladé a la otra lejana terminal comiendo un rico bocadillo de jamón preparado en la península ibérica y me fui a British-Iberia a pedir un hotel. Me lo dieron. Y un kit de supervivencia con cosas de aseo y una camiseta blanca de mi talla.

En la espera del bus hacia mi hotel, contacté con un amigo vitoriano que habita en la ciudad. Tenía que haber ido directamente con él, pero las necesidades biológicas y la sensación de haber malgastado el tiempo por el hotel, me hicieron ir hacia el establecimiento.

Allí me pegué una de las mejores duchas de mi vida. En el hotel más cutre que he visitado en años (casi, hubo otro peor en EEUU con quemaduras en las sábanas) con wifi por dos libras cada media hora. En realidad me apetecía un montón ir a verle y dar un voltio por ahí así que volví al aeropuerto y cogí un tren hacia el centro y después un metro (ojo de la cara ambos). Llegué a Notting Hill, donde me esperaban dos vitorianos con sus colegas bebiendo en la calle de buen rollo.

Había más españoles que en la puerta del sol en Nochevieja. Buen rollo, mucha gente beoda, muchas guiris con aspecto de facilonas y sonrosadas (había olvidado el horterismo inglés y su golfismo).

Resulta que justo llegué durante los carnavales del barrio, los que salen en la ‘adorable’ película de Julia Roberts y Hugh Grant. Ambientazo.

La estampa era surrealista. Yo con mi mochilita de mano tomando una lata en Londres mientras la cabeza estaba sobrevolando Michigan. Conocí a un costamarfileño absolutamente crack que se había impregnado de chocolate (y se le distinguía en la piel) en una de las carrozas, que nos llevó a su residencia que compartía con un marroquí.

De ahí y todavía con la mente en las nubes, cogimos un mítico bus rojo de dos pisos para ir a la casa vitoriana en frente del estado del Chelsea. Cenamos y dormí en una colchoneta. Como Dios. El moreno también se quedó dormido. Le hubiera ofrecido colchoneta, pero ya iba por la quinta fase Rem.

Por la mañana, volví al aeropuerto, cogí el vuelo. Comí pollo korma a miles de metros sobre el suelo (una pincelada de color indio a esta anécdota) y aterricé en el caluroso sur de California sobre las 4 de la tarde.

Pasé la aduana sin problemas y justo al esperar la maleta delante de las cintas, oí por megafonía que me llamaban para ir a un sitio. Se puede mejorar mucho el inglés fuera de casa, pero entender lo que dicen por megafonía no lo hago yo ni en Foronda en las dos lenguas oficiales.

Mi maleta no había viajado conmigo. Durmió por la noche en Londres y cuando les dije que la llevaran en mi avión no llegó. Me la iban a mandar por la noche a casa. A las 11 de la noche llamé a la compañía y no la tenían localizada. No dormí muy bien metiéndome cada poco rato a ver si se localizaba. Pero por la tarde un empleado de reparto me dijo que me la llevaba a casa. Sin embargo yo no estaba, ni mis vecinos de confianza. Así que le dije al hombre que me la metiera en la terraza, que vivo en un bajo y no se ve desde fuera.

Me llamó para confirmarme que la entrega había sido perfecta.

Sobre las once y pico de la noche, llegué a casa después de haber tenido algo de vida social con estimados expatridos con los que suelo quedar en la ciudad. La terraza estaba vacía. Vuelco al corazón y al bazo. Y el estómago no porque acababa de cenar. Miro por todo el edificio, le escribo a mi vecino por si había visto algo y me sugiere que mire en la terraza del edificio de enfrente. Subirse era complicado. Saco una foto. Nada. Otra, tampoco. Voy copando todos los ángulos… Y zas! Maleta enfrente de casa. Tuve que hacer malabares para sacarla a pulso con una valla de dos metros y pico. Espectacular. Alivio. Respiración. Fin de la Odisea.

Conclusión: niños, nunca mintáis. Que el karma os puede castigar. No lo recomiendo. Y el karma tiene cosas raras. Incluso a veces la “Karma” se puede ir a dar clase a una universidad americana. Las vueltas que da la vida. Como al pobre Ulises, de Odisea por Grecia.

Hasta la siguiente Odisea!!

London, camiseta British Airways Pret-a-Porter

lunes, 17 de junio de 2013

Guarras americanas I

En realidad debería llamar a este post Comidas Guarras Americanas Que Se Encuentran En Los Supermercados (con las mayúsculas que les molan). Pero soy mucho más guay y canalla, por lo que he decidido dejarlo como gancho para salidos y salidas lesbianas.

 Llevaba meses deseando hacer esta entrada, puesto que tras medio año en este país, todavía estoy anonadado con la cantidad de marcas y variedades para elegir en los súper.
 
Sí, detrás hay Oreos de coco.
 La primera es la Oreo sabor helado multisabor. Una Oda a la mezcla barroca de sabores entre las mil gamas de esta conocida galleta que hay disponibles para el mercado estadounidense.
Recién llegados de Ostia, el puerto de Roma








Los típicos ostiones ahumados. Con olor a humo. Fresquitos en lata para consumir en cualquier cóctel que preceda a unos buenos Ferrero Rocher.











Tamaño americano




Barritas energéticas Pay Day (Día de cobros). Se ve que les mola recordarle al estómago que van a comer caliente esos días.
La cara del logo del niño lo dice todo










Los auténticos y registrados potitos Gerber de macarrones con queso. Propongo llevar más allá la propuesta y hacerlos de hamburguesa, con pepinillos y todo. Y en la península ibérica, de fideuá.

Pollo a la mostaza? no, mostaza al pollo




Mostaza Chipotle. Los puristas se pegarían un tiro. Los guarros encantados. Conozco a un americano al que le pega. Mezcla alubias con macarrones con queso y lo mete dentro de una hamburguesa. Grotesco.
Arroz de crisis







Spanish rice. Los valencianos pueden estar contentos, no lo llaman paella. Puede llevar cebolla y mierdas que para ellos no les afecta lo que cocine un tipo con lo que sea. Mientras no lo llamen paella. La de gente que meterían en la cárcel en toda España por llamar paella los valencianos y en cambio por robar trajes, no les da la gana. Pobres nanos.










Yo soy de Colacao fibras
Nesquik para niñas. Rosa. Canalla.
Y como seguro que a alguno le surge la duda, no he probado ninguna de las mierdas que salen. Un beso. Gracias.


Hasta la siguiente intoxicación alimentaria desde CA!









jueves, 13 de junio de 2013

El día que me volví Mormón en LA


Llevaba un rato esperando para ir a cenar en una terraza angelina en la zona de Westwood tomando una fresca y mal tirada (como siempre en este país) cerveza de trigo. Miraba pasar a la gente que iba y salía de unos típicos cines que hay allí, dónde suelen hacer grandes estrenos de la maquinaria de Hollywood.


Había quedado en diez minutos y sólamente me faltaba un sorbo para acabar mi consumición. Entonces llegó un hombre mayor se acercó con intensa opción de venderme algo. Llevaba traje claro y aparentaba unos 60 y pico años. Al empezar a hablarme ya veía que me quería vender algo. En un primer momento al principio me ofreció libro de historia de su vida. Su título era Un americano nacido en Irak.


Me explicaba que él era egipcio y cómo había vivido su llegada a América pasando por Europa, pues había estado en España, en Alemania y cómo había acabado teniendo una vida provechosa en la tierra del tío Sam. Empecé a ver que el libro tenía letra muy gorda, como para niños pequeños o miopes vagos. Al final del relato, había unas hojas nobles con unas fotos a color de carácter costumbrista. Según el vendedor de libro, me decía que era lo que más te gustaba la gente del libro. También fardaba de haber vendido 15.000 ejemplares de su obra maestra.


Por otro lado, no acababa de entender cuál era el mensaje del hombre que quería vender entonces le pregunté de qué religión era y me dijo que mormón. Qué ganas tenía yo de conocer un mormón desde hace varios años. Tanto leyendo en la Wikipedia, preguntando en chats mormones o viendo un par de temporadas de Big Love de la HBO. Era mi ocasión de oro para exprimir al máximo la sabiduría de un mormón de verdad.


Todos los días en el bus de la muerte, paso en Santa Mónica boulevard delante de un templo mormón enorme. A todo el mundo le pica la curiosidad saber qué hay dentro, pero todavía no he conocido a nadie que haya logrado penetrar en las instalaciones. En principio, sólo pueden entrar los miembros de esa religión. Como el buen hombre Iraquí-egipcio-americano-mormón-exmusulmán me quería vender el libro a toda costa, le propuse que si al comprar el libro, él me dejaría entrar en el templo-iglesia. Nanai. Me dijo que tenía que ser al menos durante un año un buen mormón para conocer ese paraíso espiritual.


Ese lugar de misterio mormón al que sólo acceden los elegidos


Como veía imposible entrar, le pregunté qué había tan interesante en el lugar si en realidad Dios es omnipresente para su religión. Me respondió que tenía razón pero que no podía ir y que simplemente había cosas maravillosas que era incapaz de describir.


Tras un buen rato hablando sobre sus prohibiciones: alcohol, café, tabaco o té, que son dañinas para el organismo, el mormón me dijo que me veía con cara de volverme mormón. Yo le dije que quizá. Que estoy en realidad buscando la religión verdadera y que me diera grandes razones para convencerme puesto que me iba a quitar la cerveza. Iba a ser muy feliz y conocer una muchacha mormona en el templo según él. 

Al igual que la mayoría de credos homófobos, le pregunté si era posible ser gay y ser admitido. Me dijo que no, que eso era del demonio y me aseguró que con la ayuda de la iglesia se puede reconducir. Luego tuvimos una discusión histórica sobre la homosexualidad y dónde el octogenario negaba que a Alejandro Magno le gustaran más los espartanos que las espartanas.


Durante la discusión “teológica” el hombre fue bajando el precio de su libro desde 20 pavos verdes a 10. El hombre tenía otros dos libros más bastante menos comerciales sobre la misa mormona y Abraham. En realidad lo que quería es vender el libro y que con ello hacer proselitismo pagado. Uno de sus capítulos interesantes, que no me quiso espoilear era cómo se había transformado de musulmán a mormón. El destino quería que el hombre fuese a abstemio. Pero no polígamo, que sólo lo hacen comunidades en Utah fuera de la iglesia mormona oficial.


Al final, el hombre me dijo que si me casaba con una mormona me mandaría los libros a Europa, para que se conociesen sus vivencias. Como me aseguró que no son muy golfas y no las puedes devolver con el tíket de compra antes del matrimonio, no encontré absolutamente ningún punto positivo para unirme a este credo. Ni un paraíso con vírgenes, ni beber cerveza, ni tomar Nestea. Hacerse mormón de momento no es lo mío, ni siquiera con un libro gratis. Al acabar la media hora de conversación el señor octogenario se pue con su propio pie, encorvado, con una energía que ya me gustaría tener yo a su edad.


Por si a alguno le han dado ganas de volverse mormón, comprar esos libros o simplemente le pica la curiosidad de cómo puede ser ese señor, he encontrado un vídeo en Youtube en el que curiosamente, publicita su libro.


Hasta la siguiente conversión de credo desde California!!!

lunes, 3 de junio de 2013

10 Cosas útiles a importar de América (mierdas que haríamos muy agusto)

Hay algunas cositas que se podrían poner en práctica en España con el fin de que la vida fuera mejor.


1.Agua de grifo:
Que te den agua de grifo sin poner malas caras y a veces sin preguntar en los restaurantes de hostelería, es algo que no se da en la península ibérica.


2.Tarjeta en todos lados.
Se puede usar tarjetas (diferencian mucho el débito y el crédito) para pagar todo, a no ser que se especifique. En ese caso, tienen un cajero con comisión al lado. Además, en muchos sitios se está implantando el pago con tarjeta asociada al móvil. La primera vez que lo hice, probablemente me sentí el más cool de la zona. Y los camareros no te escupen a la cara si vas a cenar cuatro y pides dividir entre cuatro


3.Cosas segunda mano.
Es cierto que aquí tienen un consumismo bastante importante. Pero lo mejor, es que se acostumbra a dar una segunda vida a las cosas


4.Netflix
Si, pagar por ver la tele probablemente sea uno de los grandes placeres de este país.
Y lo reproduce el iPad, la play, el móvil y casi hasta el horno. Va genial. Tiene mierda suficiente para no salir de casa en varias décadas.
House of Cards, buena mierda salida de Netflix


5.Variedad supermercado
Hay una cantidad de cosas brutal. A mí algunas veces me cuesta decidirme entre las múltiples opciones que te ofrecen. Las 30 primeras veces es abrumador, divertido y estresante. Mil tipos de cereales, mil tipos de galletas, mil tipos de leche. Pero la nata... Nata no se dice ‘nat’ ni ‘cream’ en inglés!


6.Hacen las calles fáciles
En general, como no tuvieron ni romanos, ni mierdas medievales ni nada construído hasta hace antes de ayer, no se complicaron. Calle para arriba, calle que cruza, calle para abajo, calle que cruza. Orientarse es asquerosamente fácil. Y a veces les ponen números en orden para que la gente no se pierda.


7.Cambios automáticos
Se dejan de chorradas de meter marchas. El que quiere se las pone. Y el resto a conducir un auto de choque caro.


8.Te dan pasta por reciclar
Una medida que hace que la gente se lo tome en serio. Al menos los que quieren los centimillos.


9.Cocina de nacionalidades
Aquí (sobre todo en las grandes ciudades), es acojonantemente complicado no encontrar millones de restaurantes étnicos en cada esquina. A parte de los populares chinos (que no son iguales) y pizzerías, aquí el tailandés es ultrapopular, así como el coreano, o el japonés (en todas sus vertientes). De esos hay de todos. Pero luego te puedes encontrar con salvadoreños, etíopes, cubanos, indonesios, iranís, indios, vietnamitas o peruanos.  Ah y tienen mexicanos auténticos, esos son difíciles de no ver.

T'ipicos bocatas de tallarines de Little Tokyo. No los he probado.


10.Usar el verbo Googlear
En lugar de decir que voy a buscar algo en Internet, con el consiguiente gasto de saliva y energía, voy a Googlear a Paquirrín, para saber si es del 85 o del 84. Su lenguaje es ahorrador, su economía va mejor.